martes, 23 de septiembre de 2014

El baile

-Pero… Yo no sé bailar.
-No importa. Yo te enseño ¿No quieres?
-No mientas, que tú tampoco sabes.

Y es cierto que no soy un gran bailarín. Bailo igual que vivo: Improviso.

Soy de los que bailan en bodas, como creo que muchos, no obstante creo que bailar es un modo más de estar en armonía con otros. Tampoco digo que baile yo con los amigos, que bobo no soy y loco en mi justa medida.

-Venga, dame esa mano y flexionas así el brazo.
-Por favor, no me pises que no llevo zapatos.
-Descuida.

Siempre quise bailar tangos pero me da a mí que eso conlleva mucho esfuerzo, delicadeza y atención y ya digo que bailo como vivo, sin guía oficial, sin vade mecum. Yo soy más de vals, pero no valses vieneses. Lo mío son los valses de corazón, de ilusión, de principiante, pues como dijo Chaplin, todos en la vida somos principiantes pues no nos da tiempo a otra cosa.

-Yo te guío.
-Estás loco, pero me encanta.
-No me extraña.

Mi madre siempre dijo que mi abuelo era un gran bailarín, de esos que podían bailar un chotis sin salirse de una baldosa, que ya me dirán ustedes que significa eso, pero bueno, siempre suena interesante.

Lo que yo tengo es que nunca cesaba. Cuando bailaba puedo estar horas y horas… y son mis parejas las que se rinden y se desploman con en una silla, agotadas y sonrientes. Pasión lo llaman uno, tozudez e insistencia digo yo.

-Lo malo es que no hay música.
-¿Importa eso? Imagínatela.
-No va a ser igual.

Hubo veces que bailaba solo esperando el autobús, con una pareja fantasma… hasta que percibo como me mira la señora mayor que está cerca de mí y… ceso. Me puede la vergüenza y ceso.
Si más de uno se preocupara más en no juzgar a un tipo raro con cascos que baila en su mundo hasta que llegue el autobús… este mundo no sería este mundo.

-Siento ser tan patosa.
-No lo eres. Tú déjate llevar.
-Lo intento, lo intento.

Como en la cocina de uno, no se baila en ningún sitio. Es cierto que si yo en vez de bailar con mi imaginación, bailase con una chica bella, graciosa, de sonrisa sincera, más de uno pensaría que es tierno, y tal vez no lo sea. Solo somos dos locos contra la polución, la nimiedad y las caras largas. Mejor es en una cocina, pues es algo nuestro, no de esa señora con carrito que va o viene del mercado o ese señor que tiene los tres primeros botones de su camisa desabrochados.

-Ya le voy pillando el truco, no creas.
-Sabía que lo harías. No es nada complicado.
-Aun así, no sé cómo me dejé convencer.

Hay veces que creo no entender nada. Invito a quien sea a preguntar a otra persona ¿bailas? Casi en el noventa y cuatro por ciento de los casos la respuesta es negativa. Es como si le hubieras preguntado ¿Te quieres casar conmigo?  
¡Cuántos chistes se han hecho con esa pregunta sobre el baile! Muchos los conocen todo el mundo y algunos hasta son un poco subidos de tono. Está mal entendido eso de bailar. No es algo sexual, no al menos como yo lo expongo. Es simple y llanamente un gesto de cariño, de complicidad, de sintonía…

-Nunca me imaginé que me propusieras esto. No es muy normal.
-Nada en verdad lo es. La normalidad es solo un mito.
-Aun así, no te vas a librar de fregar los cacharros.

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