domingo, 19 de abril de 2015

Problemas de actitud

Director: Bien, señor Maroto, me alegra ver que pudo venir. Sé que es usted un hombre terriblemente ocupado, pero este asunto no podía ser hablado por teléfono.

Señor Maroto: Es comprensible. Si Daniel está causando algún tipo de problema, me gustaría saberlo.

Director: Pues, verdaderamente, Daniel está teniendo una actitud nada recomendable ¿Sabe usted? Su comportamiento deja mucho que desear.

Señor Maroto: Lo lamento.

Director: ¡Y tanto que debería lamentarlo! Daniel no parece mostrar el interese que se busca en él. En absoluto. Se niega a hacer pellas, trae sus deberes hechos cada día, devuelve los libros a la biblioteca… ¡Y en óptimas condiciones!

Señor Maroto: Espere… ¿¡Qué!?

Director: Sí, en óptimas condiciones. Creo que va entendiendo la situación. Su hijo hace que sus compañeros lleguen a sentirse violentos. Imagínese… ¡Daniel está intentando prosperar a través del estudio y el esfuerzo! ¿Qué clase de persona hace eso? Yo se lo diré. Eso lo hace un intelectual, un individuo que piensa por sí mismo, y estará conmigo en que nadie aquí quiere eso.

Señor Maroto: ¿Está hablándome enserio?

Director: ¡Totalmente! Daniel intenta aprender cosas que el profesor de Lengua no le explicó. En su clase aun hoy, en Abril, están por el Mester de clerecía y por las oraciones simples... ¡Y su hijo ya ha leído la Regenta y sabe reconocer con exactitud una oración subordinada, y tengo oído que pensaba empezar con la casa de Bernarda Alba! ¡En vez de saberse la alineación del Real Madrid como todos sus compañeros!

Señor Maroto: No entiendo nada…

Director: Es comprensible. Nadie aquí entiende a su hijo. Nadie. Aunque, en mi opinión, esa actitud debió sacarla de alguien. No pretendía acusarle de nada, pero Daniel no puede haber adoptado este comportamiento de nadie de este centro, así que debió aprenderlo en casa. Y ya le advierto que así por la vida no se saca nada bueno. Es trabajador, educado y respetuoso. Así no va a lograr una posición de verdad, ni casarse con una chica que merezca la pena, y perdóneme si me meto donde no me llaman, pero le cuento todo esto por no expulsar a su hijo.

Señor Maroto: Es de locos…


Director: Puede verlo así, sí, pero si Daniel no cambia de actitud, le aseguro que no va a proseguir sus estudios en este centro. ¡Si hasta se sabe las tablas de multiplicar! ¡A su edad! Es una total aberración, sinceramente. Y si ahora me disculpa, me marcho a dar una clase de Wasap. Muy buenos días, ya sabe dónde está la puerta.