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viernes, 30 de diciembre de 2016

EL IDIOTA QUE SE PUSO A ESCRIBIR ESTO

QUERIDA TÚ:

No espero que esta carta te llegue, puesto que ni te la estoy mandando en verdad. Es un vomito en un papel. Eso es.

Hace mucho que no sé nada de ti y la verdad es que eso es así porque pusiste muros alrededor de lo que es tu propia vida, tu ciudad de esmeraldas.

Yo por mi parte, aquí estoy. Me sigo preguntando muchas cosas, no como antes. No con un tono de deseo de ser aceptado por alguien que ya ni conozco. Es así. Antes te conocí un poco, solo un poco y ahora somos las sombras de dos extraños.

Quise por todos los medios enamorarme de ti y logre enemistarme contigo. Enemistarme no por mi parte, porque ya ves tú… no te deseo mal alguno, ni propio ni ajeno. Enemistados porque es lo que pensaste que podía salvarte de mí y de mis sobrecargados actos de cariño. Sí, fui cargante y ahora soy lo que hoy soy.

No me extraña el hecho de que nos hubiéramos visto en algún lugar. Yo no paro quieto de un punto a otro de Madrid explorando, viendo, conociendo. Seguro que o bien me has visto y me has evitado y yo no te he visto porque estaba en mi proceso eterno de reconstruirme después de los golpes recibidos por eso o aquello, o bien ni te has percatado que debajo de esa gorra de color verde amarronado (Pongamos que ese color existe), no me has reconocido. En ambos casos, mejor es, pues lo violento que sería darme cuenta de tu presencia sería como perderme en dos aguas: la del yo pasado que deseaba hablar siempre que podía contigo, y la del yo actual que no desea mucho de nadie porque no desea mucho de sí mismo.

Sé bastante bien (o lo quiero creer así) que tuviste hartazgo de mí y no te culpo. Era muy cargante siempre y a todas horas y más contigo que venías de paso. No hice bien nada en lo que se refería a tratarte adecuadamente. Sí te apoyé, sí creí en ti, pero ya eso lo pueden hacer y lo hacen otros.

Me hubiera gustado que las cosas no hubieran terminado así, te lo juro. Que hubiera sido menos inteligente y más listo, que hoy vieras lo que estoy creando y fueras mi fan incondicional con tus propias condiciones al respecto, como sólo tú sabes hacerlo.

¿Y por qué te escribo esto? Porque no te lo puedo hacer llegar y no quiero que ahora, en este momento en que no hay ni un puto puente de cristal que pueda atravesar, lo leas y pienses que otra vez he regresado a ser tu incordio de costumbre.

He cimentado muchas cosas en mentiras burdas y satisfactorias para un ego de juguete que era el que tengo, pero bueno, hecho lo hecho, echemos las redes y veamos que sale de todo esta verborrea escrita que se asemeja cada vez más a cuando uno prueba un bolígrafo nuevo para saber cómo escribe o uno viejo para ver si escribe algo más.

En esta soledad en la que me estoy recomponiendo me doy cuenta que el horizonte que mirábamos era este y no otro. Que sí, que te he dedicado páginas y páginas de amor, alegría, sueños y fantasías, ¿pero para qué? Era un Quijote sin caballo ni lanza. Esto es lo que yo era y ni así logré enfrentar a los molinos de tu indiferencia, porque ni los vi ni los esperaba.

En fin… divago y no quiero.

Sólo quiero que esto conste en el acta de mis gestos perdidos y me sienta mañana un nuevo hombre, cosa que entre nosotros, no es cierto ni lo será. Sólo decirte, para acabar, que tenías razón, no conmigo, conmigo no acertaste ya que una vez me dijiste que no era tan especial y eso, a las pruebas me remito, es un hecho que, para bien y para mal, lo soy.
Tenías razón, querida mía, en que de algún modo somos y seremos el día y la noche pero si Dios o la Fortuna, nos hacen cruzarnos en algún momento, deseo de corazón que no me veas como antes ni yo como después, porque si ahora somos extraños, de la extrañeza puede surgir un conocimiento moderado, pero de lo otro, de lo otro poco surge ni resurge.

Tuyo siempre:


El idiota que se puso a escribir esto.  

miércoles, 23 de diciembre de 2015

¡LÁNZATE!


Querida Gloria, Clara, Maite, Inés, Lorena, Joana, Marina, Helena, Lola y Laura tú:

No me conoces, pero quiero pensar que yo algo te conozco, pero a decir verdad, conforme pasa el tiempo, menos conozco a nadie.

Puede que te preguntes porque te escribo justo a ti… Y es que he visto tu foto varias veces en el día de hoy y he pensado que tal vez tú me fueras a entender un poco, aunque, cada vez que he escrito una carta a alguien no he recibido la respuesta deseada… y hay veces que ninguna respuesta posible.

Hoy he sido víctima de esa sensación que sé que es pasajera. Es como una especie de fiebre que nace como una alegría desmedida, un ímpetu de felicidad, un sentimiento de poder desbordado, de creatividad brutal, de planes, de ideas, de potenciales modos de demostrarme y demostrar a los demás que valgo algo.

Luego se me pasa… en unas horas a decir verdad y empiezan a venir los fantasmas de navidades pasadas a susurrarme cosas.

No vales ni para dar por culo.
No llegarás a esas cosas pues son absurdas.
¡Eres un caradura! ¡Te aprovechas del trabajo de los demás compañeros!

Y desde dentro grito NO. No. Esto no me pasaría si alguien me dijera una sola palabra: Lánzate.

Aquí puede que te encuentres perdida y ese, en el fondo, es uno de los diversos motivos por los que creo que la gente no me llega a entender cuando reciben cartas mías y ya va siendo hora de hacer caso a ese grito. Me debo lanzar. Primero a decirte a ti quien soy.

Una vez fui el futuro de un país que aplaudía el descaro y la genialidad. Nací en 1983 y me críe con hombres disfrazados de mujeres, de creaciones e ideas estrambóticas, con que la realidad era solo una voluta de humo que mis tíos cuando venían de visita a nuestra casa echaban al fumar y al reírse. Yo una vez fui el futuro… y ahora mírame.

Reconozco que hay momentos, años de mi vida que no recuerdo nada más que como una película de esas que pasan por la televisión y ves sin mucho interés. Recuerdo que, desde niño, no era un alumno muy aplicado. Tenía carencias. No era rápido ni con los pies no con las manos, no era hábil y de pronto mis padres hablaban sobre mí cuando traía un dictado con un montón de correcciones en rojo y palabras descorazonadoras que presagiaban lo que pudo ser.  

-Ay, Jose… el niño tiene sus límites.
-No, lo que pasa es que le mimamos demasiado. Si fueras más dura con él. Si no le mimases tanto.

¿Cómo no hacerlo? Era el futuro. El futuro debe ser siempre cuidado.

Al final, enfadados todos porque no tuviera algún tipo de retraso, me exigieron el doble de lo que podía y sabía. Los malos hábitos no se van.

Tal vez las lagunas en mis recuerdos sean un modo de protegerme, como cuando alguien fallecido desaparece, sin quererlo, de los recuerdos que has compartido con esa persona.

El futuro… entonces de niño, el futuro era tener éxito, ser feliz, tener hijos… y no tengo ya nada de eso y voy a cumplir un año más. El futuro. Me rio yo de eso.

 Pero en este viaje hasta aquí, he hecho muchas cosas. Tú seguramente más, muchas más y más reseñables. Cuando uno es torpe, o con problemas de coordinación, pues se basta con poco.

Siempre me gustó el mito de Ícaro. Lo conoces, ¿Verdad? Pues hay gente, yo entre ellos, que lo veía como una lección de humildad: uno vuela hasta donde puede y debe. Pero no. No. La moraleja no es esa. La moraleja es Chaval, no vueles o te quemarás. Volar. Ícaro voló y se rompió todos los huesos en la caída, pero lo logró. Voló. ¿Es por eso que tengo miedo? Una vez me rompieron todos los huesos. No. Una vez no. Muchas. Los huesos y el corazón.

Dicen que los huesos, una vez rotos, se sanan pero los músculos se llegan a entumecer un poco. Con el corazón, ay, es otra cosa. Hace unos pocos años se me hizo una masa de sangre y dolor. Un dolor como una punzada sorda y que te cambia. Ese día, Dios, ¡Qué orgulloso estaría mi padre! Ese día solo lloré una vez y con permiso.

La mujer que más amé. La mujer del chubasquero rojo, la mujer que hacía que la realidad fuera un invento de los mayores, también se rompió. Una y otra vez. Una y otra vez… hasta que no se pudo romper más. Ese día no lloré. La vi convertida en un trozo amarillento de carne, con la lengua fuera como un perro apaleado… y no lloré.

Leí unas palabras y me atropellé, pero… no lloré. Mis hermanos estaban asombrados, puede que asustados, pero estaba frío. Inerte ante los envites de ese día. Ni el nudo de la corbata me molestaba. Solo ante su ataúd, cuando deposité un beso en su helada frente… pude pedir permiso.

-Voy a llorar. Llevo esperando este momento y espero que me lo permitáis.
-Hazlo. No pidas permiso.

Y lloré. Lloré sin poder desfogarme. No como esa vez que lloré de rodillas en la nieve ¿Sabes qué es eso? No lo creo. Lloré… y no tenía motivo real. Y cuando lo tenía… no pude.

Pero, como te dije, me rompieron los huesos muchas veces y con ellos, algunas veces, el alma. No pude recuperarme mucho de eso. Aun hoy renqueo y me doy cuenta que de mí se hizo una mentira. Solamente sé que veré pasar el cadáver de mis enemigos ante mi puerta y entonces, como cuando deposité ese beso en la frente de la mujer que era mi todo, pediré permiso para alegrarme… pero no me lograré desfogar.

¿Es eso? ¿Es el miedo a caer, a que se me vuelvan a romper los huesos y el alma, lo que me impide lanzarme? ¿Es, por otro lado, que no hay nadie que sepa fehacientemente que me ayudará a levantarme y me diga, con la misma sonrisa que he visto hoy en una de tus fotos, No salió como pensamos. Lo volverás a intentar mañana? ¿Qué es?

Porque, posiblemente, pido entelequias, pero creo que es tan humano como intentar volar. Querer llegar a cotas donde antes no estuvieron… pero me da miedo la caída. Sé que es un riesgo que se debe correr… y es duro. Me llevo cayendo mucho…

¿Conoces esa historia de un escritor que le dijo a su mujer que estaba cansado de hacer lo que otros esperaban de él y que su mujer le dijo ¿Vas a dejar que los demás decidan? ¡Lánzate!?  Por hacer caso a su mujer, el mundo cambió y nacieron el primer comic de héroes que marcaría un antes y un después: Fantastic Four. Sí, los mismos de esas terribles y absurdas películas. Ese hombre era Stan Lee.

Tal vez es sólo eso. Necesito alguien a quien contarle todo lo que pienso y siento…

-¡Quiero hacer una nueva novela en donde...!
-¡Lánzate!
-He pensado en escribir y dibujar un comic de…
-¡Lánzate!

Aunque… no te conté algo más. Te dije que pasa cuando uno se sana los huesos pero cuando a uno le licuan el corazón, ese corazón se recubre de un callo extraño, de una coraza, de una armadura. Tanto dolor puede volver loco a alguien ¿Sabes? Aquí estoy, aparentando ser normal cuando desearía gritar al mundo que yo era el futuro, que yo pude volar,  que no es una pose ser como soy, tan despegado, tan frío, tan indiferente, tan tosco, tan crítico,  pues tengo miedo a que me rompan otra vez el corazón pese a que esa coraza callosa está ahí… y, quizás por eso, renuncié a escribir un tiempo porque me creía incapaz de poder escribir con coherencia y algo de acierto… y casi pierdo esto. La capacidad, la fuerza y el arrojo de escribir. Que, como dije una vez, no seré el mejor, pero si el más trabajador. Pero tengo miedo y no tengo ese empuje. Ese empuje de un ¡Lánzate! dicho con el cariño justo y necesario, con la sonrisa, con el cariño, sin pedirme que sea así o asá. Sé bien quien no me dará eso. De ellos no espero nada, pero he cerrado la puerta a muchos para decirme eso. Para decirme ese ¡Lánzate! que necesito que me digan cuando me vean.

¿Pido un imposible? Porque, entre nosotros, odio sentirme muchas veces como lo hago y cuando hoy vi tu foto, ahí, sonriente pensé, necio de mí, Es preciosa. Ojala pudiera conocerla y demostrarle de lo que soy capaz. Y entonces aparece ese miedo, esos fantasmas que te dije. Todo lo que oí sobre mi persona y mis capacidades. Siempre estoy equivocado, pensando que mañana… mañana algo hará que todo cambie… y los cambios son lentos. Solo los necios creen que los cambios son instantáneos.

Y ahora me paro a pensar que no sé porque te escribí a ti todo esto. Lo necesitaba. Eso lo sé. Lo necesitaba.

Aun así, gracias. Gracias por tu tiempo.

Recibe mi cariño, aunque no te conozca bien:

GAA

Querido tú:

¡Lánzate!


lunes, 13 de julio de 2015

Lo mejor de lo peor: Aquellos tebeos que alguien llamó "De niña a mujer"

Hace unos doce años, ideé un tebeo para una revista de un centro donde yo estudiaba. La verdad, no era un gran tebeo y yo pretendía que constase de una sola hoja donde apareciera  el crecimiento de una niña hasta su llegada a la adolescencia. 

 

Pero el que era mi editor, Alejandro Valero,  además de tener el atrevimiento de titular ese tebeo como De niña a mujer exigía que en el siguiente número, volviera a aparecer los susodichos personajes: la chica (de la que nunca se dice su nombre) y sus padres, mostrando algunos de lo9s problemas que la protagonista tenía con el mundo.



Ya pasado el tiempo, intenté plantear probar cosas nuevas y sacar a la chica de la casa. Así es como integré a un par de amigas. La técnica del dibujo mejoró ligeramente, pero todos sabemos que soy mejor escritor que dibujante de tebeos. 



Y al final... acabó todo en este último chiste publicado en 2004, pero mi carpeta de dibujo aun guarda los intentos de otras páginas en donde iban a aparecer nuevos personajes como una hermana menor de la chica o el por qué decidió tirarlo todo por la borda y ser como es... pero así es nuestra amiga E... Ups! Casi se me escapa el nombre.

martes, 19 de mayo de 2015

Eso que llamamos literatura de masas

No hay libro tan malo que no sirva para algo.[1]

Esta frase puede definir muchas cosas en la literatura.

Algunos expertos no van a mirar hacia la literatura con la intención de darle un sincero reconocimiento a la novela de bolsillo dedicada al Oeste. Tampoco es esa su intención. No obstante, no se puede obviar totalmente la labor de esta literatura de consumo que algunos llaman popular.

Popular fue el teatro de Lope de Vega y que apasionó a unos y que fue despreciado por otros.
Popular fue el teatro alejado de la concepción de los Ilustrados donde se veían, a su juicio, conductas y modelos de dudosa moral.
Popular fue la novela en el tranvía o ¿Dónde está mi cabeza? que creara Pérez Galdós.

Los ejemplos pueden ser en este respecto muy numerosos, no obstante, no se debe olvidar algo que apuntaba José Antonio Llera al intentar dar respuesta a la nada sencilla cuestión de qué era literatura.

Según Llera, la literatura es algo vivo y cambiante, puesto que lo que se consideraba literatura en un siglo, en otro podía perder esa noción y viceversa, es decir, son los lectores quienes determinan qué es y qué no literatura. Eso explicaría que las novelas del Oeste hoy día solo sean consideradas lecturas para nostálgicos como indica Basilio Pujante Cascales, cuando ya se dijo en este trabajo que contaron con la aceptación casi plena de los lectores de la última mitad del siglo XX.

Si uno se basa en esto, se debe pensar que las novelas populares, llamadas por muchos bolsilibros, fueron el reflejo de un tiempo que se agotó, pero la formula en la que se cimentó puede que aun siga siendo útil para diversos fines tanto literarios como económicos, ¿O que son si no las sagas que vivimos en este siglo XXI? ¿Qué son las novelas de Alatriste que Pérez Reverte nos ofrece? ¿O las novelas del marqués de Sotoancho de Alfonso Ussía? ¿Qué es en sí el best-seller si no un modo de contentar y dar a los lectores un divertimento rápido y atractivo? Es más, hoy día, se nos pueden dar fórmulas para crear una novela de consumo y atractiva para los lectores.[2]

Sin embargo, aunque uno pudiera verle el lado negativo a los best-seller, a la literatura de consumo e incluso a las novelas del oeste, sin este tipo de novelas, sería casi como ir en contra de la evolución natural de la propia historia de las letras universales.

Sin Daniel Defoe no habría un concepto de novela de aventuras tan personal.
Sin Jane Austen no habría una novela sentimental y romántica.
Sin Jules Verne no habría novela de ciencia ficción.
Sin Lewis Carroll no habría una novela metafísica y semificcional.
Sin Sir Arthur Conan Doyle no habría un esplendor de la novela negra.

Si estos autores y otros muchos que han ayudado a que los lectores de todas las épocas pudieran combatir, en su justa medida, el tedio de la vida cotidiana, es porque en algún momento nos han hablado de algo ciertamente universal. Han hablado del desvalido, del sentimiento de soledad, de odio, de amor, de sorpresa, de miedo, de extrañeza; nos han hablado de los sueños que muchas veces tenemos y que en esencia nos definen más que otras muchas cosas, y lo mágico es que esos sueños, en un grado u otro, son semejantes a los de estas personas que tomaron la pluma con el fin de sacar fuera fantasmas y deseos, ayudándonos a entender este mundo y otros que ellos nos han puesto en bandeja, creando así un nexo con la literatura, con la lectura y, en diversos casos, la escritura.[3]

No voy a intentar emular la declaración del continuamente polémico e irreverente Fernando Arrabal y clamar que fue una injusticia no darle el premio Nobel a Corín Tellado, puesto que gracias a ella mucha gente tomó el hábito de la lectura voraz,  pero tampoco se puede negar que tanto este escritor y cineasta como otro miembro del llamado grupo pánico, el sempiterno escritor, filósofo, psicomago y director de cine chileno Alejandro Jodorowsky, entienden la importancia de la versatilidad del autor moderno, igual que hicieran muchos de los autores que abrieran las puertas a otros que marcaron el canon aun saliéndose algunas veces de él, con lo que la línea entre la literatura canónica y la literatura marginal es muy fina y difusa.

Esto nos llevaría a recordar, como multitud de veces hizo José María Díez Borque, que el escritor es una dualidad: lector y autor, o lo que es lo mismo, un ser que habiendo conocido y leído, ha recreado el mundo en el que vive de un modo personal y, posiblemente, único.
De ahí que se pueda afirmar que hoy día la literatura de consumo que he intentado diseccionar en este trabajo fue influida en muchos casos por sus predecesores, ya sea en la esencia o en la forma, y a su vez estos autores de novelas del oeste han logrado insuflar energía a un nutrido número de autores que van a servir de timón a otros que nacerán y que, posiblemente, abrirán el camino de la literatura, sea o no canónica, a sus sucesores, algo sencillamente lógico.  

En conclusión, mucho debemos a aquellos que nos preceden, que han intentado vivir por y para la literatura, que han sido en algún momento espejo de los aspectos del tiempo y del ser humano y que nos han enseñado lo que se debe y no se debe hacer en las letras permitiéndonos soñar y vivir con algo que muchos han despreciado como si fuera un juguete viejo: la imaginación.    






[1] Esta frase está atribuida a Plinio el Joven.
[2] Trescientos gramos de construcción escena-por-escena, un buen puñado de diálogo en su totalidad, tres o cuatro puntos de vista en tercera persona, detalles simbólicos de status de vida… ( formula de Tom Wolfe para crear un best-seller)
[3] Todo esto está reflejado en los diversos artículos que realizó Fernando Sabater y que están recopilados en su libro Misterio, emoción y riesgo, editorial Ariel, Barcelona, 2008. 

martes, 13 de enero de 2015

El creador sentado en una habitación

Pobre Úrsula. Pocos la conocían bien.

Tenía su padre un piso en pleno Callao. Ella la segunda de cuatro hijos. Cuando tuvo catorce años, sus padres se separaron. Un duro golpe, pero eso no dejaba de ser algo común en la época. Y ahora, con veinticinco, moría. Nadie es consciente de como suceden las cosas, pero Úrsula si notó que todo acababa. Un paso de cebra, un imprudente que se salta el semáforo en rojo y… aplastamiento de las costillas que se clavan en el corazón. Muerte en el acto.

Pero allí estaba, en el vacío, en la oscuridad, sin sentir nada.

Oyó los pasos de alguien que se acercaba y vio a una mujer de unos veintitantos, con traje azul marino de chaqueta y falta plisada, camisa blanca y corbata negra. Su cabello era color trigo y estaba suelto, sus ojos, de un azul glacial. Ojeó una carpeta que llevaba con ella.

-¿Úrsula?
-Eh… Sí.
-Bien, sígueme.
-¿A dónde?
-Tú sígueme. Las preguntas al final.

Ella obedeció y siguió a la mujer trajeada.

-Estoy muerta ¿es eso?
-No puedes estar muerta si nunca has estado viva al uso.
-No comprendo…

La mujer abrió una puerta que no parecía estar allí antes y entraron en una gran oficina llena de cubículos, estanterías con archivadores y gente que hablaba.

-Eh, Arturo, te veo bien.- Saludó la mujer con una sincera sonrisa.
-Y tú ¿Nuevo traje?
-Sí, ya ves…
-Mándales recuerdos a tus hermanas.
-¿A cuáles de ellas?
-A todas.
-Pues vas listo, son legión casi.

-Hola, guapa.
-Hola, Joanna.
-Tenemos que quedar para contarnos nuestras cosas.
-Claro, pero llama también a Carla y a Diana.
-Da eso por hecho.

-¿Y toda esta gente?
-Te dije que las preguntas se resuelven todas al final del trayecto.

La mujer giró a la derecha en la larga fila de cubículos.

-Buenos días.
-Buenos días, Alejo ¿Cómo te va?
-Tirando. ¿Te enteraste de lo de Candela?
-Sí, me alegro por ella.
-¿Esa es la nueva?
-Sí, el jefe la espera.

-¿El jefe?
-Tienes suerte de haber muerto hoy, Úrsula. Si hubieras muerto hace una semana o dentro de un mes, tal vez la cosa hubiera cambiado.

Úrsula fue leyendo los carteles de las puertas de aquel largo pasillo. Departamento de procrastinación, recuerdos humanos, cuarto de lindeza, despacho de autocensura, almacén de humores…

-¿Y esas escaleras de caracol?
-Esa no se bajan casi nunca. Ahí está la zona de recursos antagónicos.
-¿Perdón?
-No es de tu incumbencia, así que tranquila. Ya llegamos.   

La mujer llamó a una puerta de madera con una placa dorada donde se leía en relieve Zona restringida. No molestar a no ser causa de fuerza mayor. No estamos para gili sandeces.

-Adelante.

Entraron y lo que Úrsula vio en primer lugar fue la mesa donde descansaba un Pc portátil en el que, de espaldas, escribía un hombre ancho de hombros y con el pelo muy corto.

En esa mesa también había unos botes de lápices con miles de bolígrafos, lápices de diversos colores, unas tijeras, unas pinzas... Una estantería se fusiona con la mesa y en la estantería descansan diversos libros, ordenados en altura pero no en grosor. Había, en lo alto, apoyado levemente, un muñeco súper articulado de Hulk gris, al estilo Jack Kirby. La estantería también estaba fusionada con la cama, pues era muebles de estilo de camarote de un capitán, o eso reza la placa de arriba del todo. CAPTAIN.

En la zona que estaba encima de una cama había varios niveles, del más bajo al más alto. En el más bajo había dos secciones, la más pegada a la entrada tiene un montón de DVD que, antaño estaban ordenados alfabéticamente. Hoy no. Hoy el orden es inexistente.

Delante de los DVDS había diversas figuras que representan a algunos de los personajes que Úrsula juró haber visto por los pasillos del despacho, o eso quiso creer. Otras eran simplemente C3PO y R2D2 y Spiderman luchando con el terrible Doctor Octopus.

Más arriba, ya el último de estas estanterías, más libros de clásicos diversos de la literatura española y universal.

A las espaldas del hombre de hombros anchos, había  un par de estanterías con una enciclopedia, diccionarios, libros de consultas varios, revistas…

Úrsula también se percató de una  postal de Mía Sarah puesta en el cabecero de la cama, sí a eso se le puede llamar cabecero. La luz entraba por la ventana que estaba frente al hombre y su Pc.

El hombre al verlas se giró. Tenía ojos color castaño oscuro, nariz fina y perilla burdamente perfilada. Sonrió al verlas.

-Señor, he traído a Úrsula, como me pidió.
-¡Estupendo!- La silla crujió al levantarse el hombre y darle un abrazo a la recién llegada.- Eres más alta de lo que te creía.
-¿Gracias?
-Siéntate, por favor.
-¿En la cama?
-Claro, no os está permitido sentaros en mi silla.

Úrsula obedeció y contempló a las dos personas que estaban frente a ella, de pie.

-No sabes quién soy ¿Verdad?
-Imagino que el jefe de todo esto.
-Sí, pero soy más que eso. Soy tu creador.
-¿¡Mí qué!?
-Tu creador.-Repitió la mujer.-Nuestro creador en realidad.
-No…  ¿Eres Dios?
-No, Dios no soy, pero si soy lo más cercano para vosotros a un Dios.
-No lo comprendo.
-Verás, mi querida Úrsula, yo he decidido matarte. A decir verdad, simplemente eres una víctima de las circunstancias. Tu muerte fomentó el inicio de un cuento donde otros personajes se van a lucir. Eres un mero medio, un secundario de un relato, si lo deseas.
-Así que… ¿No soy real?
-Bueno… Real… Puuuuf… No
-¿Y estoy muerta?
-En otras circunstancias sí. Aunque, yo no soy muy partidario de la muerte. La última persona que murió en mis relatos, se levantó a cenar.
-Sí, fue muy raro.-Apuntó la mujer.
-Aquí, en este lugar, podemos salvarte de morir cuando te reutilizamos en otro relato o novela y por tanto te borramos la memoria y te rehacemos, pero para eso debes ser alguien con cierto potencial o que le tenga cariño.
-¿Entonces?
-Tú caso no es ese, pero hoy es mi cumpleaños.- Sonrió el creador.
-Ajá.
-Y he pensado algo importante para ti...

El Pc emitió un pitido.

-¡Vaya! ¡Mira quien aparece!-Gritó el hombre al mirar la pantalla y teclear.-Hola, Leo. Justo ahora estaba teniendo una idea para un relato que tal vez te agrade.

El creador dejó de escribir, suspiró y volvió a mirar a Úrsula.

-Lo que creo que vamos a hacer contigo es una locura en toda regla.- Luego se dirigió a la mujer.-Encárgate de distraerme un poco a Leo ¿estamos?
-Claro, señor.

El hombre se remangó, se crujió los dedos y sonrió.

Chasqueó los dedos y entonces…



-Chicos, quiero que conozcáis a alguien.-Anunció su padre a Nuria, Eva, Jimena y Ángel, de doce, diez, ocho y seis años respectivamente. 

Los cuatro entraron en la habitación del hospital, donde la madre de los niños sujetaba entre sus brazos a un bebé recién nacido.

-Esta es Úrsula, nuestro séptimo miembro en la familia.
-Ya ves.-Se pavoneó Ángel.-Ya no voy a ser más el pequeño de la casa. Ahora soy un hermano mayor.
-Sí, pero sigues en desventaja.- Contestó Eva.-Ahora somos cuatro contra uno.

Y ese trece de Enero, nació Úrsula.



domingo, 14 de diciembre de 2014

Ese día que nació Eugenio Prado

I

Ese día, un novio, estando en el altar, llamaba Laura a su novia Cristina.

Fue el día en el que un hombre que se creía por encima del bien y del mal planificaba mentalmente un golpe de estado.

También fue el día en que aquel señor tan amable, con bigote frondoso, cabello blanco, gafas de cristal grueso y que siempre cantaba una copla a la hora de afeitarse, moría en su cama a los ochenta y cuatro años.

El día en cuestión en que Álvaro González Yepes se sentaba a escribir el primer capítulo de su nueva novela, sentado en su despacho en la parte baja de su chalet independiente.

Tal vez fue el día en que Beatriz colgó el cartel de Cerrado por jubilación en su quiosco de prensa.

Y el día en que Valentín, quien llevaba más de treinta años como peluquero, llegó a realizar el corte de pelo número cuatro millones y aun no lo sabía.

Pues ese mismo día, me desperté y, sentado en mi cama, lloré durante cinco minutos. Normalmente no era así. Normalmente lloraba en la ducha unos diez minutos.

Se podía decir, equivocadamente o no, que estaba deprimido pero no soy yo especialista en el campo de la psiquiatría. Por intentar huir muchas veces de mi tristeza, me voy hundiendo  de un modo similar a cuando uno está en un foso de arenas movedizas.

Entro en el baño y, sin mirar mi reflejo en el espejo, me lavo la cara. Hay momentos en que evito mirarme, otras que me mantengo la mirada y me reconozco claramente en cada rasgo y gesto.

Seguramente hoy sea el día.

II

-Sí todo va como debe, voy a ser padre.
-Ajá.
-¿Cómo que ajá?

Mi amigo me mira. Yo me entretengo en mirar los libros de la estantería de su cuarto de trabajo. Su mirada azul me examina y me encojo de hombros.

-Repite lo que me has dicho…
-Sí todo va como debe…
-Pues eso, ¿No lo estáis intentando?
-No. Ella está embarazada.

Le doy de un modio maquinal la enhorabuena y el abrazo que esperaba. El único y último amigo, el más antiguo, va a ser padre. Se acabó que me dedique tiempo. Otro abandono de la propia vida, del moverse de los ríos.

Le acompaño a hacer la compra y me noto extraño. No es pena. No es desanimo. Es apatía.

-¡Cómo extraño las paellas de tu padre!-Me confiesa mientras conduce hasta mi casa para dejarme.

Sé que antes le hice un par de bromas sobre su nueva situación, sobre el abandono de hijos, sobre el modelo desastroso que puede ser para su criatura.

-Sí, y hoy tengo pollo asado para comer.
-¡Debe estar de vicio!

Para cerca de mi casa y me vuelve a observar con su mirada celeste.

-Anímate.
-No, sí estoy cansado. Duermo mal, ¿sabes?
-Igualmente anímate.
-Sí. Bueno, ha sido un placer verte.

Ríe. Cree que es una de mis bromas y me dice que igualmente.

Hoy tengo pollo asado para comer y hoy va a ser el día.

III

Para variar, discuto con mi padre. Dice que no se expresarme, que no construyo bien las oraciones. Le digo lo de la futura paternidad de mi amigo y no sé si al explicárselo, me atropello o no. No me importa.

Mientras comemos me dice como ha hecho el pollo. Está bueno, más que bueno, no lo niego.

Al buscar la servilleta para limpiarme la boca oigo un ruido, como un golpe de algo hueco y pesado contra metal y cristales.

-¿Qué ha sido eso?
-¿El qué?
-Ese ruido tan estruendoso.
-No lo oí.

¿Solamente lo he oído yo?

Cuando terminamos de comer él tiene la lengua de trapo a causa del vino. Se traba al hablarme. Sé bien que terminará por dormirse. Mejor. Cuando despierte tal vez yo ya habré hecho lo que tengo en mente.

-Me voy.
-Vale, diviértete.

Le doy un beso en la frente. No es un beso frio e inerte como el último que le di a mi madre cuando la metieron en el incinerador del tanatorio. Doy gracias porque no esté viva para ver lo que hoy haré.

Salgo y el aire es frío pero lo noto como cuando era niño. Lo noto en los huesos y tiemblo pero seguramente se debe a los nervios del momento, puesto que hoy es el día.

IV

  

Llegar hasta aquí no ha sido tan difícil. Un autobús, un viaje de veinticinco minutos, un metro que me ha dejado justo enfrente del edificio España y nadie me ha frenado para llegar hasta la azotea.

Es una altura increíble. Miro abajo y ya no noto ese vértigo de hace unos días, ni la sensación de empacho permanente, de asco por todo.

He llorado, he comido bien y ahora toca decidirse.

Podía haber elegido cortarme las venas en la bañera, pero temía que me acobardase ante la idea de ver mi propia sangre.
Podía haber elegido tomarme algún medicamento pero no me apetecía que la posibilidad de sobrevivir y me lavasen el estómago fuera tan grande.
Podía haber sido más visceral y tirarme frente al metro que me trajo aquí pero… ¿Quién soy yo para hacer que miles de personas lleguen tarde a sus citas mientras me recogen en bolsas de plástico y me arman de nuevo como un rompecabezas macabro?

No. Este es el modo. Y tiene gracia. Me viene a la mente ese nefasto relato que escribió un viejo amigo de la adolescencia sobre un tipo que se va a tirar al final y nunca lo hace y al final, pues lo hace. Nefasto es un término suave.

¿Y cómo se hace esto? ¿Tomo impulso y me tiro con los brazos extendidos? ¿Tomo carrerilla y salto y así vemos donde caigo? No. No lo voy a ver. Cerraré los ojos mientras caigo, eso seguro.

Puede que el ruido que oyera en la cocina fuera el sonido que haré al caer que me llegó en ese momento, anunciando el que pueden ser mi último momento de vida.  

-Hola.- Oigo tras de mí, me giro y veo a una mujer de cabello pelirrojo, pecosa, no muy alta, de unos treinta y pocos años.

Le hago un gesto de saludo con la mano.

-¿Te vas a tirar?
-Sí, eso voy a hacer.
-¿Y por qué?
-Porque no entiendo este mundo.
-¿Y quién puede hacerlo? Nadie lo hace, sin embargo, aquí estamos.
-Aún me levanto y me pregunto que soy. Me siento un fracaso. Como persona lo soy. La gente ha ido creciendo y evolucionando y yo sigo sólo. Lo más cercano a una relación amorosa que tengo es cuando una chica que ni siquiera sé cómo es o si lo es, aparece de vez en cuando y hablamos hasta las tantas. Es para morirse de risa. Y mientras, mi amigo va a ser padre.
-Bien por él.
-Sí, bien por él. No le reconozco ¿Sabes? No sé quién es, ni a él ni a nadie. ¿Cuándo han cambiado las reglas del juego?
-No lo sé… Tal vez es hora de jugar a otra cosa y ver que cartas tienes a favor.
-O terminar con la partida. El cementerio está lleno de gente que se creyó alguien y no lo era. Ya me lo dijo Alicia y no la escuché…
-No sé quién es Alicia pero me da que te conoce tan poco como yo.
-No te diré lo contrario. Ojala no la hubiera conocido nunca. Ojala no hubiera conocido a tanta gente que se ha ido de mi lado.
-El caso es que aquí estamos, hablando, si no llega a ser por esa gente…
-Siempre que pasaba por aquí pensaba que sería un sitio estupendo donde morir.
-Pues las vistas son preciosas, la verdad. Muy buen gusto.
-Gracias… creo. En fin… creo que toca que salte.
-Sería una pena que lo hicieras. Tienes tantas cosas buenas.
-Dime una. Solo una que me haga cambiar de opinión.
-Eugenio Prado.

V

Eugenio Prado nació en Córdoba, Argentina el 30 de noviembre de 1883. Hijo de médico Español y madre Argentina. 

Durante su niñez, viajó a España y a Inglaterra. Es entonces cuando entró en contacto con las obras de autores como Larra o Jonathan Swift. A su regreso a Hispanoamérica, estudió en la Universidad Nacional de La Plata.

Concluidos sus estudios, se trasladó a Buenos Aires. Pronto se le presentó la oportunidad de trabajar como secretario de Constancio Cecilio Vigil. En 1901, tras obtener su doctorado,  recibió y aceptó una catedra en su vieja universidad. En mayo de 1912, Prado escribió su primera obra, El arte de los bufones.

Entre 1912 y 1915 trabajó para la revista Mundo argentino, que fundó Cecilio Vigil, a la par que escribió relatos y ensayos para diversas publicaciones de la época. En 1919 se trasladó definitivamente a Córdoba, donde vivió junto a su esposa, Inés Gago.

En 1930, al morir su esposa, Eugenio Prado sufrió una severa depresión que le impidió escribir. Murió en 1948, en su Córdoba natal a los pocos meses de terminar la recopilación de sus cuentos con el título de Una tarde dorada.

Sus obras son las siguientes:

1912

·        El arte de los bufones (Novela)
·         Los héroes en riesgo (Cuento)
·         Algunos decretos perdidos (Ensayo)
·         El oro de la princesa (Cuento infantil)
·         Cuatro cuadros sobre la vida (Cuento)

1913

·        Isabel de la vida lujosa (Cuento infantil)
·        Los vikingos (Cuento)
·        ¿Qué es la ficción y la imaginación? (Ensayo)
·         Los papeles del enamorado (Cuento)
·        Sopa de cordero (Cuento infantil)
·        La llanura (Cuento)
·        Tú y yo no siempre fuimos dos (Cuento)

1914

·        Verano de caballeros (Cuento)
·        El precio de la esencia (Ensayo)
·        El pirata (Cuento)
·        Cuadrado, el valiente (Cuento infantil)
·        Demonios y Ángeles en Ovejuna (Ensayo)
·        Tortugas de caramelo (Cuento infantil)
·        Labores del hogar (Cuento)
·        Mitos y leyendas en extinción (Ensayo)
·        Una vez loco, loco siempre (Cuento)

1915

·        Puertas y viajes (Ensayo)
·         Lo que ya fue… (Cuento)
·        Sigfrido y el dragón (Cuento infantil)
·        La huella  de la mujer gigante (Novela)
·        Estudio enfocado al humor (Ensayo)

1916

·        Canción en las sombras (Novela)
·        Terrazas del exterior (Cuento)
·        El enemigo a abatir (Cuento)
·        Cabezas (Cuento)
·        La historia secreta de un viajero (Ensayo)

1918

·        Hirviendo la sangre (Cuento)
·        La familia inmortal (Novela)
·        Una ciudad que nunca estuvo (Cuento)
·        Autopsia de una onomatopeya (Ensayo)


1923

·        El verdadero juego (Cuento)
·        La mirada del mono (Cuento)
·        Las luengas peregrinaciones (Ensayo)
·        El superviviente (Cuento)

1927

·        Don Fernando (Cuento)
·        Literatura de lo oscuro (Ensayo)
·        El rugido (Novela)
·        Los muchachos y algo más (Cuento)

1929

·        El autor de esta vida (Novela)
·        Lluvia pesada para días bobos (Cuento)
·        El testamento del Rey (Ensayo)

VI

Tal vez su cuento más famoso (y el más breve) sea el titulado La mirada del mono, que dice así:

Soy del mar. Del agua, de mi madre, de mis hermanos y hermanas.

Hay veces que es bonito estar arriba, aunque me resulta pesado, difícil. Es bonito tocar el cielo y dejar que la bola brillante luzca sobre mí hasta sentir la brisa que juega en mi pelo.

A veces es bonito tumbarme y mirar a los nadadores del cielo, del viento, de las nubes. Es bonito subir aquí.
Me pregunto cómo será nadar en el cielo y si el cielo les canta a esos nadadores como el mar nos canta a nosotros.

Les veo nadar en el cielo con sus hermanos y hermanas, a veces, como cuando floto hasta besar el mar y sacar peces con mi boca.
Deben tener buenos ojos para ver dónde el mar esconde a los peces. Creo que hay veces que el mar se los enseña y puede que escupa peces hacia ellos, porque no es tan fácil atrapar peces… ¡van tan rápidos! Pero mi madre me dijo que no. Ellos ven a través del cielo, del agua. Me pregunto si los peces les ven a través del agua, del cielo.

Una vez mantuve un pez fuera del agua, sólo para que viera el viento antes de que me lo tragara. Pobres pece, siempre, al ver el cielo, se ponen tiesos y mueren, flotan, un ojo blanco mirando al mar, el otro al cielo.  Tal vez el pez sueñe con nadar por el cielo… tal vez…

Un trueno resuena. Hombres. El nadador del cielo cae en picado, un ojo mira al cielo, otro a la tierra.

-¡Ese pájaro tenía un buen tiro!
-Tal vez sea buena idea asarlo.
-Casi se pueden oler las plumas quemadas.

Hombres. Llevan armas de truenos. Ríen como caballos. Gritan como elefantes furiosos. Están lejos de la ciudad, quien les alimenta, les viste y cura sus heridas. Para ellos hace tiempo que el exterior de la ciudad debió desaparecer, pero aquí están. 

-¡Mira ahí!
-Fijaos en esto. ¿Qué me decís si dejamos de hacer tiro al blanco con las aves y empezamos con ese mono de mar?
-¡Sin piedad!

Chillo y salto al agua, a mi madre, a mis hermanos y hermanas.

-¿Sabéis lo que podemos sacar por su piel?
-¡Sí pudieras darle a algo con ese arma, ya lo tendríamos!
-¡Callad ya! Está claro que voy a tener que cazar yo a ese mono.

Uno de ellos no tarda en zambullirse en el agua, con un cuchillo en la boca, bucea y me busca. No son muy distintos los hombres de los peces. Esta vez me toca a mí conducir a los peces que no son buena comida, mientras mis hermanos me ayudan.

-Amigo… ¡No me gusta esto!
-¿Qué olor es ese?

Mis hermanos y yo, juntos, estamos arriba una vez más, aunque nos resulte pesado, difícil. Aquí era bonito tocar el cielo, dejar que la bola brillante luzca sobre nosotros.

-¡Maldición!
-¿Has visto su tamaño? ¿Cuántos son?

Somos del mar y ellos no. Ellos necesitan armas de trueno y nosotros nos bastamos con nuestras bocas para tragar. Ellos tienen una ira primitiva que les traiciona y sale con un grito de rabia. Rugen y espumean, y nosotros reprimimos nuestras fuerzas mientras nuestra madre mira cómo mis hermanos y yo acabamos el juego.


Se ponen tiesos y mueren, flotan, con los ojos cerrados que no miran ni al mar, ni al cielo ni a la tierra. 

VII

La gracia está en que Eugenio Prado no existe. Lo creé yo para una exposición donde quise  demostrar que  al final la literatura se basa en las obras y no tanto en los autores.

Usé fotos de Enrico Caruso, alegando que ese era Eugenio Prado, nombre que tomé prestado y transmuté de Hugo Pratt. Hugo Eugenio Pratt. Pratt, Prad, Prado.  

-Si has podido hacer algo así es porque aun crees en alguien: en ti. Dan lo mismo los demás. Quien te quiere y te conozca de verdad, verá lo bueno que tienes. Sí, sé bien que no te das a conocer mucho, pues estás en horas bajas, pero solo pasas una pésima racha. La grandeza está en que si has podido inventar un autor ficticio en un momento tan difícil para ti, puedes inventarte una solución más ingeniosa que convertirte en una mancha en el suelo. Vive y demuestra de qué material estás hecho.

Miro al horizonte y cuando busco a la mujer para preguntarle como sabe eso, ya no está. La busco por todos lados, incluso abajo ¿Se habrá tirado y me habrá quitado mi momento de gloria? No, sí cuando dicen que soy gilipollas…


Hace más frío ahora. Me abrocho más mi abrigo y me decido al fin a tomar las escaleras. Me acuerdo de la anécdota de Peter Sellers. Cuando su primera mujer iba a abandonarlo, él se subió al balcón de su casa y amenazó con saltar. Ella solo le respondió te veo abajo y se marchó del piso. Finalmente, Peter Sellers no saltó y años después hizo la Pantera rosa, Doctor Strangelove o Bienvenido, Míster Chance. Es un modo de verlo, sí.