domingo, 2 de noviembre de 2014

Un recuerdo


Me ronda un recuerdo borroso. Es como un par de fotogramas donde las caras están confusas. Sé que estuve en esa escena, no es ajena a mí y me preocupa el que no pueda recordar esto como me pasa con todo lo importante. De pronto, me asalta esta escena vista desde detrás de una mampara.

Soy capaz de recordar el primer jardín que tuve y el olor de las rosas en una infancia donde el techo era de parras, conviviendo a cuatro pasos con una calle donde uno podía tomar esos magníficos autobuses rojos. Subiendo por aquella calle estaban las grises y frías calles que llevan a un colegio de monjas donde mi madre me dejaba a aprender a pintar, escribir y leer. ¿No lo sabéis? La a era una reina y su esposo era la u, cuyos hijos eran el príncipe e, la llorona princesa i y la simpática princesa o.

Soy capaz de recordar a un niño delgado con una gorra con la visera subida y una sonrisa pícara que preguntó si quería salir a jugar con él y el sabor de los refrescos sin burbujas y los bocadillos bien hechos y de tardes donde rara vez dejaba de brillar el sol mientras la gente cantaba canciones de Pop español. Madrugaba entonces y me lamentaba de que la tarde estuviera tan lejos de las seis de la mañana. ¿Cómo se llamaban mis compañeros? Daniel, Javier, Raquel, Federico, Alberto, Sandra, Marta, Silvia, Luis, Marina… ¡Cuantas chicas tenía yo en clase!

Soy capaz de recordar el trayecto de una excursión metropolitana, ya fuera a una gran superficie o al cine y las imágenes de aquellas películas que no importaba las veces que viera. En un cajón de mi cuarto tenía el primer álbum que leí de Mafalda y no lo entendí hasta pasados los años. Nadé en una piscina pública de una urbanización. Nunca era tarde o eso me quiero decir. ¿Qué te parece? Viajé a Estados Unidos cuando era un niño y no sé si volvería a repetirlo.

Soy capaz de recordar el nombre de cada chica que me robó un trocito del corazón y oír cada frase que fue casi una pedrada en plena cabeza mientras creo mentalmente una galería de la fama de paredes de luz apagada. No volví a verme nunca en un escenario teatral como en esos momentos y sin embargo le debo tanto a un hombre con chalecos de vestir y cabello color humo y como humo se fue pronto. ¿Quién me lo iba a decir? De no saber hacer bien un simple dictado a empezar a gatear a la hora de crear historias y escenas.

Soy capaz de recordar momentos terribles, graciosos, de pérdidas que dejan cicatriz y el suave cosquilleo de unos labios, de una caricia, de una mano que encaja en otra. Tuve ilusiones que fueron como el hielo en un día de verano y di pasos en la soledad de la multitud. Hay tantas despedidas sordas que me da un poco igual si vuelvo a ver a cada persona que alguna vez recuerdo. ¿Cuál era el detonante? El recuerdo borroso… sí.

Soy capaz de recordar un recuerdo para ese recuerdo, y sé que tal vez mañana mi cerebro deseche la molesta sensación que hoy tuve como sé que recordaré el día que conoceré a mi esposa, a la que va a ser la mejor amiga de mi hija mayor, el número de mi despacho, a qué hora saldrá el avión que me lleve por primera vez a Argentina…

Posiblemente si no tuviera tanto corazón sería muy fácil olvidar todo, el jardín, las letras monárquicas, el muchacho delgado con gorra, los compañeros, Estados Unidos, las chicas con un trocito de mi corazón, el escenario… ¿Y Por qué tanto problema? Si ese recuerdo está borroso, por algo será.


sábado, 18 de octubre de 2014

Un caso de más

Al detective James Weber no le entusiasmaba hacerse cargo de un caso de asesinato como en el que se veía envuelto. Admiraba a otros compañeros que tenían una tremenda pasión cuando se les presentaba una oportunidad como aquella, pero él no era los demás. Él era un hombre rechoncho, de pelo corto y oscuro, ojos color alquitrán, mandíbula cuadrada y rasurada, además de tener de principios sencillos.

Incansable y vehementemente, observaba a los sospechosos de haber asesinado a la señora Agatha Monroe, viuda de Charles L. Monroe, hombre que hizo su fortuna en África. Agatha fue la tercera esposa de Charles y le dejo al morir este, una enorme y bien cuidada fortuna, motivo más que suficiente para que alguien le asestase a la pobre mujer diecisiete puñaladas de las que solo las últimas cinco eran mortales.

Como ya se dijo, James entró en el gran salón donde los cinco sospechosos estaban presentes. Allí estaba el Coronel Albert Anderson, héroe de guerra en oriente y hombre fornido, de grandes bigotes grises,  cabeza exenta de pelo, Constanza Campbell, sobrina de la víctima y de belleza helénica y cabello oscuro, Lord Rupert Richards, joven, bien parecido y esbelto esposo de Constanza, el ama de llaves Margaret Miller, mujer enjuta y poco agraciada, y Stephan Swift, mayordomo de la casa y hombre repeinado y entrado en años. Todos miraban al Detective como quien veía una representación callejera, o así se sintió por un instante el policía.

-¿Y bien?-Preguntó Constanza.- ¿Por qué nos ha reunido aquí?
-Pues… creo que ya sé quién mató a la señora Monroe.
-Será interesante oírlo.-Sonrió el Coronel mientras daba una calada a su cigarro habano.
-Uno de ustedes asesino vilmente a la señora Monroe aquí presente… 

El detective sintió una gran desazón al ver que nadie, desde que encontraron el cuerpo de la víctima, nadie se molestó en moverlo. Agatha Monroe estaba allí, con sus sesenta y seis años, tendida en el suelo y con el gesto de asombro, los ojos fijos en la puerta de la estancia y la boca entreabierta. Sí se molestaron en limpiar la sangre, pero nada más.

-¿Y es…?-El ama de llaves parecía inquieta por la parsimonia del detective.
-Paso a paso. Lo primero es señalar que el asesino esperó en esta estancia a la señora Monroe a partir de las doce de la noche, puesto que no hay en el mercado nada que marque mejor el estilo y la hora como los relojes Eternity.

Los presentes se sintieron extrañados ante las palabras del investigador. James se paró en seco y simplemente carraspeó.

-Lo que quiero decir es que el asesino fue una persona que conocía bien esta casa y las costumbres de la víctima, luego debía ser alguien familiarizado con este entorno y, por tanto, estar informado del viaje que hacía cinco días hizo la señora Monroe, ya que disfrutó de los Cruceros de Holiday group desde 324 libras, tasas de embarque, vuelo y todo incluido gratis, reservables hasta el 30 de noviembre…

Weber se tapó la boca de golpe y sus ojos miraban nerviosamente todo. No entendía lo que le sucedía. Era algo involuntario lo que iba diciendo ¿serían los nervios?

-Mire, detective, si se está quedando con nosotros le aseguro que…-Amenazó Lord Richards.
-No, no, discúlpenme. Debí comer algo en mal estado… ¿Por dónde iba? Sí, ya, ya… El asesino… ¡El asesino no era ajeno a esta casa, luego debía ser alguien que además, odiase profundamente a la señora Monroe! ¡Usted, Coronel, era amigo de su esposo desde hacía más de 30 años de garantía en la compra de las nuevas lavadoras Crystal Washer…! ¡30 años! ¡30 años!... ¡Y ustedes, señora Campbell y Lord Richards, ansiaban su fortuna y un sueño único que se convierte en un gran perfume. Arc’ en’ ciel ¡No! ¡Solo su fortuna! ¡Y la señora Miller y el señor Swift tampoco están libres de sospecha! No soportaban el trato despótico que recibían de su señora puesto que debían encontrar su propia libertad con el nuevo Overlord B3, equipado al más alto nivel, máxima seguridad y un consumo extraordinariamente bajo con ABS, 6 airbags y control de tracción SWD… Eh… quiero decir, que… En fin… que tras analizar todo esto descubrí que nada refresca más que los Minty extra fresh... ¡Diablos! ¡Que el móvil del asesino era el nuevo HeavySoul  42D con su pantalla de ángulo variable y sus funciones Cosmic+!  Comunicación y entretenimiento lleno de vida- ¡Ah! ¡No lo entiendo! perdónenme pero…

-¡Bueno, basta ya!-Clamó una voz de mujer.

Ante el asombro de los presentes, Agatha Monroe, viuda de Charles L. Monroe, se levantó del suelo donde estaba. Ciertamente pálida, pero en mejor forma de lo que nunca les pareció a los cinco sospechosos, se acercó a aquel agente de la ley.

-Pe… pero… ¿¡Señora Monroe!?
-¡Joven, es usted un desastre! ¡No soporto más cuñas de ningún tipo! ¡Que aburre usted a los muertos y una pierde el hilo de quien me mató!
-No… verá… es que su caso…
-¿Mi caso? Mi caso es que si lo sé no me caso, con tal, para el caso… ¡y ahora, cada cual a sus cosas! ¡Que nadie se queda hoy con mi herencia y  yo no pienso estar más tiempo sin cenar! ¡Ale! ¡Ale! ¡Stephan, vaya a la cocina de una santa vez y hágame aunque sea un sándwich de pepino y un té! ¡Venga!
-Enseguida, señora. Como usted mande, señora.  

Y aquella difunta que no lo estaba ya, caminó detrás de su mayordomo hasta la cocina como aquellos cowboys de los que alguna vez el detective Weber oyó hablar.


Al detective James Weber no le entusiasmaba hacerse cargo de un caso de asesinato como en el que se veía envuelto y, con cosas como aquella, estaba más convencido.  

martes, 23 de septiembre de 2014

El baile

-Pero… Yo no sé bailar.
-No importa. Yo te enseño ¿No quieres?
-No mientas, que tú tampoco sabes.

Y es cierto que no soy un gran bailarín. Bailo igual que vivo: Improviso.

Soy de los que bailan en bodas, como creo que muchos, no obstante creo que bailar es un modo más de estar en armonía con otros. Tampoco digo que baile yo con los amigos, que bobo no soy y loco en mi justa medida.

-Venga, dame esa mano y flexionas así el brazo.
-Por favor, no me pises que no llevo zapatos.
-Descuida.

Siempre quise bailar tangos pero me da a mí que eso conlleva mucho esfuerzo, delicadeza y atención y ya digo que bailo como vivo, sin guía oficial, sin vade mecum. Yo soy más de vals, pero no valses vieneses. Lo mío son los valses de corazón, de ilusión, de principiante, pues como dijo Chaplin, todos en la vida somos principiantes pues no nos da tiempo a otra cosa.

-Yo te guío.
-Estás loco, pero me encanta.
-No me extraña.

Mi madre siempre dijo que mi abuelo era un gran bailarín, de esos que podían bailar un chotis sin salirse de una baldosa, que ya me dirán ustedes que significa eso, pero bueno, siempre suena interesante.

Lo que yo tengo es que nunca cesaba. Cuando bailaba puedo estar horas y horas… y son mis parejas las que se rinden y se desploman con en una silla, agotadas y sonrientes. Pasión lo llaman uno, tozudez e insistencia digo yo.

-Lo malo es que no hay música.
-¿Importa eso? Imagínatela.
-No va a ser igual.

Hubo veces que bailaba solo esperando el autobús, con una pareja fantasma… hasta que percibo como me mira la señora mayor que está cerca de mí y… ceso. Me puede la vergüenza y ceso.
Si más de uno se preocupara más en no juzgar a un tipo raro con cascos que baila en su mundo hasta que llegue el autobús… este mundo no sería este mundo.

-Siento ser tan patosa.
-No lo eres. Tú déjate llevar.
-Lo intento, lo intento.

Como en la cocina de uno, no se baila en ningún sitio. Es cierto que si yo en vez de bailar con mi imaginación, bailase con una chica bella, graciosa, de sonrisa sincera, más de uno pensaría que es tierno, y tal vez no lo sea. Solo somos dos locos contra la polución, la nimiedad y las caras largas. Mejor es en una cocina, pues es algo nuestro, no de esa señora con carrito que va o viene del mercado o ese señor que tiene los tres primeros botones de su camisa desabrochados.

-Ya le voy pillando el truco, no creas.
-Sabía que lo harías. No es nada complicado.
-Aun así, no sé cómo me dejé convencer.

Hay veces que creo no entender nada. Invito a quien sea a preguntar a otra persona ¿bailas? Casi en el noventa y cuatro por ciento de los casos la respuesta es negativa. Es como si le hubieras preguntado ¿Te quieres casar conmigo?  
¡Cuántos chistes se han hecho con esa pregunta sobre el baile! Muchos los conocen todo el mundo y algunos hasta son un poco subidos de tono. Está mal entendido eso de bailar. No es algo sexual, no al menos como yo lo expongo. Es simple y llanamente un gesto de cariño, de complicidad, de sintonía…

-Nunca me imaginé que me propusieras esto. No es muy normal.
-Nada en verdad lo es. La normalidad es solo un mito.
-Aun así, no te vas a librar de fregar los cacharros.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Los niños ya no juegan con espadas de madera

Ayer mismo paseaba por mi antiguo barrio y me acordé de ellas. Eran cuatro hermanas, todas ellas chicas. Verónica, Julia, Clara y Marina.

Salvo Julia, que eran de cabello castaño oscuro y ojos marrones, las chicas tenían el  cabello dorado y los ojos azules, con lo que algunos hacían bromas a las espaldas de Julia de que su padre era otro. Bromas que no se entonaban con malicia, todo hay que decirlo. Lo que pasaba con esa gente es que desconocían la existencia de los alelos, con lo que no sabían que la genética tenía estas pequeñas situaciones.  

De carácter si eran estas cuatro niñas muy dispares. Verónica, la mayor, era ciertamente reservada pero de una ternura inusual, Julia era muy seca y tajante con la gente, Clara era la alegría personificada, con un simple hola levantaba el ánimo a cualquiera y Marina… Marina era tímida, pero hasta que se aclimataba a un entorno, entonces hablaba por los codos.

La madre era una mujer que se notaba que en su juventud fue una verdadera belleza. No tenía más oficio que dedicarse a la educación de sus hijas. Me agradaba oírla hablar y ver cómo, cuándo se reía, su cabellera de color rubio cobrizo, se mecía como la cola de un vestido de novia al andar. Era una mujer muy positiva.   

Puede uno pensar que para el padre de estas niñas, un hombre que yo vi un par de veces a lo sumo y que me recordaba ciertamente a Charles Chaplin en Monsieur Verdoux, tener cuatro niñas y ningún niño era una faena, puesto que, según se oye por ahí, un padre debe ser el guardián de sus hijas. Para nada esto casaba con aquel hombre. Era una persona sosegada y ciertamente diplomática, a la que creo que yo no le caía en gracia, pero no hablo de mí, sino de Verónica, Julia, Clara y Marina.   

Si uno pasaba en primavera o en verano por delante de aquella casa, cuando las ventanas estaban abiertas de par en par,  podía oír un violín.  Sí, un violín. Verónica practicaba mucho con ese instrumento y sus padres siempre desearon que fuera una gran violinista. Algunas veces lo que se oía era el violín acompañado por un piano, que luego supe que tocaba magistralmente el padre, y otras veces el violín dormía y había un armonioso equilibrio formado por el piano y las voces de las cuatro niñas cantando alguna canción. Increíble.

Estas cuatro niñas rara vez se relacionaban con los niños que jugaban al futbol y gritaba coche al llegar alguno de los vecinos del trabajo o de donde fuera.  Tampoco se relacionaban con las chismosas niñas que maquinaban alguna travesura que dejase en evidencia otros. No. No se relacionaban con nadie de ese estilo. Alguna vez, en las noches de verano, se veía a Verónica pasear en compañía de su hermana Julia.

-Ya están las dos señoritas que se creen mejores que los demás dando sus paseos.-Criticaba con malicia Cristina.
-Siempre van juntas, nunca se relacionan con nosotras.-apuntaba Beatriz.

Pero a ellas estas y otras cosas no les importaban. Y no hicieron ningún tipo de comentario cuando, varios años después, Cristina echó tripa, supongo que de comer muchos bollos, y sus padres la llevaron con sus abuelos a Valencia. No volvimos a ver a Cristina.

 Por su parte, Clara alguna tarde se iba con un caza mariposas al descampado que estaba a pocos metros de las vías del tren, pero nada más… ¡Ah, sí! ¡Espera, que sí! ¡Que recuerdo ahora que Marina si jugaba con una amiguita que tenía! Solo una amiguita, no con otra más.

No les hacía falta nadie más, puesto que algunas veces, en su patio delantero, jugaban las tres mayores con espadas de madera a ser terribles bucaneras. Era divertido verlas jugar así, pues si como cuarteto de voz eran increíbles, como actrices eran aún mejores.
Entonces era cuando Verónica ya no era reservada, ni Julia seca, ni Marina tímida… todas eran esa alegría que tenía Clara. Eran felices como eran.

Lo gracioso en todo aquello era que seguían siendo un misterio para mí y para todos.
Me di cuenta que esos padres tenían una bendición y que no sabía yo hasta qué punto podía ser así. Que niñas tan sanas y auténticas vivían felices y muchos de los que sí estábamos por la labor de unirnos a las masas de gente, éramos tal menos afortunado que esas cuatro muchachas, tres rubias y de ojos azules y una no.  

Los años pasaron muy deprisa, demasiado, y me enteré que Verónica estaba en Londres, de segundo violín de una orquesta, que Julia trabaja en una empresa como relaciones públicas, que Clara había montado su propia tienda de complemento y que Marina… Marina aún tenía que decidir qué hacer, que era la más jovencita.

Los años pasaron y nunca olvidé que en algún lugar, mientras los niños fueran más cínicos y más maliciosos, había otros que aun jugaban con espadas de madera y cantaban al son de un piano… y que esa fórmula, que no tengo ni idea de cómo aplicar den mi vida cotidiana,  funcionaba hasta en las páginas de un libro, y oiré ese violín y esas risas cada vez que pase por esa casa que hoy está a oscuras y en silencio.       

sábado, 30 de agosto de 2014

La foto



Aun guardo esa foto ¿No la recuerdas? Sí, esa en la que tú estás mirándome anonadada y yo te sujeto por la cintura ¿Te acuerdas ahora? No hace tanto… ¿O sí?

Muchos dicen que no eras la más guapa pero a mí me atraías. ¡Cuántas veces nos hemos pateado Madrid! Aun, cuando paso por el Intercambiador de Moncloa, veo escuetamente aquella cafetería. Aún recuerdo el ruido hueco de la gente y las tazas y como llorabas en silencio cerca de mí. No sabes cuantas veces he lamentado que te sintieras así.

Si te sirve de algo, aún recuerdo como sabían tus labios y resuena en mi cabeza tu voz musitándome Eres un cobarde. No te atreves a buscar una habitación y a que lo hagamos. Cobarde.
Y no era cobardía, era un vano respeto a ti. Un saber esperar y disfrutar el viaje. La meta estaba si uno la quiere, pero hoy muchos parecen olvidar el viaje.

Observo la foto y aun creo que estoy recibiendo esa mirada oscura, brillante, pulida, bella, inocente… Tu mirada. No me mirabas a mí. Intentabas mirar en mí.
Aun no sé porque me abrazabas y me decías que detestabas no estar a mi altura. ¡Dios del Cielo! ¡Hasta descalza llegabas a mi altura! ¿No lo veías? Con esa mirada tuya, ¿no eras conocedora de lo asustado que estaba? ¿De cómo me sudaban las manos? Me parecía tan obvio.

Y esa gran sonrisa que gastabas entonces dio paso a los ojos rojos de llorar, a la mueca de dolor, a la rabia descontrolada…

-¡Tú no quieres a nadie! ¡Me has utilizado! ¡Daba la vida por ti, cabrón! ¡Te quería y tú me has utilizado!

Y yo no quise ni pude reaccionar. Me gustabas. Eso no lo podía negar. Me gustabas aunque no estuviera enamorado de ti. Por eso llorabas tantas veces delante de mí. Pocas veces reías conmigo. Sonreír siempre lo hacías.

Llegamos a un punto muerto. Sentías que te había utilizado y yo me sentía difamado, dolido, asqueado por no sentirme como tú.

Y hoy me paro en tu mano que, como muchas veces, toma la mía. Te mofabas de las chicas que habían quedado conmigo y no me volvían a llamar. Pensaba y aun pienso que el problema era yo. Podía echar balones fuera pero cuando te vi ahogar los gritos de rabia, con los ojos enjuagados en lágrimas, me convencí.

Tú te ilusionabas cuando yo lo hacía y tardé en entender que solo querías verme sonreír y que por fin me diera cuenta que eras la mujer de mi vida. No lo eras. No lo ibas a ser y, aunque me lo negase, nunca pasaría nada distinto a lo que al final sucedió.

Si tumbase la foto que tengo en un marco, en mi estantería, dejaría de ver tu mirada anonadada y mi sonrisa forzada, pero seguiría oyendo tu voz susurrando que te llevase a la cama, vería tu rabia, tu llanto, tu suave y menuda mano entrelazando los dedos con la mía, tus intenciones… y lamento aun el daño que te hice pues nadie lo merece. Aun con todo y eso, no puedo ni sé entender tu dolor hoy, solo puedo entender que tengo esa foto que tal vez recuerdes. Eso y que no pude ni supe cambiar lo que al final nos pasó.

Solo perdóname.   

martes, 19 de agosto de 2014

Y que ahora no pueda escribir…

El cuarto en tenue penumbra. Echo la cabeza atrás y me reclino en mi silla. Miro el techo y desde esa posición contemplo el cuarto. Es un curioso lugar para escribir, con muebles que simulan un camarote. Muebles de color cálido, de marrón pardo, con libros dejados en los estantes… No tengo yo uno de esos estudios que tanto me gustaría y que siempre se dicen que posee un buen escritor.
No es como aquel  despacho que visité trabajando como informático/ chico de los recados. Ese despacho en el piso en plena calle Princesa, con portero de esos que a la noche sacan los cubos de basura con paso pausado y ascensor viejo y elegante.

-Es el despacho de un cardiólogo.-Me explicó Pepón, aquel conductor de autobuses convertido en repartidor para la empresa.- Y es un cardiólogo de los buenos, con consulta en Arturo Soria.

No. Yo no tengo uno de esos despachos, pero al menos no es como el de otra gente que tiene esos muebles blancos que hacen que te sientas en una consultora. Si a ellos les sirve…

Debería escribir algo, pero de un tiempo a esta parte, no escribo nada y lo achaco al calor, pero no sé hasta qué punto es verdad.

Tengo desgana y parece que no llego a empatizar con nadie. Sin ir más lejos, ayer visité a mi amigo Héctor. Me contó que hoy venían unos amigos de Barcelona a estar con él y con su novia. Lo decía con cierta pesadez, como con la sensación de que aquello era un incordio ¿De verdad era feliz así? ¿Acatando las cosas que no le placen? Dice que se casará pronto y el pronto dio paso al año, y luego ese año a otro… Y también lo dice con pesadez.

Apuro el vaso de refresco y me pongo frente al cuaderno pues hoy no me apetece ni usar el PC.
Me paro ante la hoja en blanco y resoplo. ¿Y se me rompió la imaginación? Imposible.

Siempre que no sé qué escribir y me da por pensar que hay veces que parece que ni siento ni padezco, recuerdo a mi compañero David, quien busca el no sentir para escribir con objetividad. Lee, lee y lee pesados tomos y parece que esté buscando el modo de no sentir nada al escribir. Solamente exactitudes, solamente verdades… ¡Escribir no es decir la verdad! ¡Escribir es relatar, es crear! Si uno crea sin sentir nada lo que hace es tratados huecos sobre como se ve la calle en agosto a las siete de la tarde en un pueblecito donde a nadie se le ha perdido nada.

Creo que las musas están de cañas hoy. Seguro que es eso.

Cuando pasa eso, también divago. Miro a un punto y, de pronto, estoy en algún lugar del pasado próximo o lejano. Hay veces que recuerdo el viaje en tren de hace dos días a Getafe. Una hora y media de viaje para ver ancianos pasear y encontrarse con sus nietos, o los policías que vigilan el paseo peatonal con `paraguas a modo de techo.

Y vuelvo a mi cuarto y ya no oigo, en mi recuerdo, las risas animadas de los niños ni los gritos de la gente.

La última vez que me animé a escribir en un cuaderno  fue por consejo médico.

-Deberías escribir tu día a día. Me vendría bien ver lo que piensas y sientes.

A las dos páginas, el psicólogo deshecho esa medida y dijo que todos mis males eran culpa mía.

¿De verdad no comprendió nada? ¿Tan mal escribía entonces?

Siempre hay alguien que no te comprende y que ve el mal en todo gesto. Siempre hay quien se viste de blanca armadura y no se llega a percatar que el blanco termina por ensuciarse, por eso es blanco.

Luces y sombras. Luces y sombras en cada personaje. Esa es una de mis claves al escribir. Puedo crear personajes y darles forma, pero si ni ellos saben que me quieren contar ni yo a ellos…

Hace poco escribía hojas y más hojas. Me levantaba con ganas de escribir temprano, aunque solo fuera para escribir bobadas… y que ahora no pueda escribir…

Seguro que muchos de mis iguales escriben todos los días y muchas de sus páginas y cuartillas están salpicadas de reflexiones tan interesantes, tan eruditas, tan bellas… y que ahora no pueda escribir…

No os muestro mis páginas, pues os llegaríais a enamorar.

Me digo que esa frase es obra de la edad, como la de Yo sé que viviré de la literatura. Yo a esas edades era igual que ellos. Creía, al principio, que lo que yo hacía podía hacerlo cualquiera, pero luego pensé que cuando escribía creaba arte. Ni lo uno ni lo otro son cierto. Escribo porque algo me lo exige. Yo por los demás no lo hago, pero si gusta, bien está.

…os llegaríais a enamorar.

¡Ojala! El amor instantáneo es lo que es. Hoy sí, mañana puede, la semana siguiente no sé y el mes que viene, nada de nada. Muchos parecen no entender que Siempre se va y que Te quiero y eres mi alma gemela lleva años de forjado. Mañana aquella persona que estaba sentada en el césped, o montando una tienda de campaña o tomando un tren para visitarte y darse un baño en tu piscina puede volver a ser un extraño… y no pasa nada porque así sea. Los amores instantáneos, instantáneamente se disuelven.

Y que ahora no pueda escribir…

No sería mala idea quitarme el tedio dándome un paseo. Sí, pasear, caminar sin prisa y con cierto rumbo esbozado a lápiz en mi mente. Tal vez a la noche pueda escribir… ¿a quién quiero engañar? No tengo ganas de escribir ni de contar nada. Ya conozco todos mis trucos y por mucho que ponga un cuaderno, no logro escribir porque nada interesante pasa en agosto, a las siete de la tarde, en un pueblecito donde a nadie se le ha perdido nada.
Lo mejor es hacer como mis musas y marcharme de cañas (o de refrescos, que el alcohol y yo no somos viejos amigos y no me interesa a estas alturas que lo seamos)


Y que ahora no pueda escribir…

sábado, 12 de julio de 2014

La historia de los penúltimos súper villanos a mano izquierda


 
Ildefonso cerró la puerta del piso donde vivía. No llevaba esa noche su traje de súper villano. Tampoco le iba a servir mucho ir por la calle con él. En el barrio todos sabían que era Desconectador,  un villano de penúltima fila. No era el único.

En el bar a donde se dirigía no era el único. Era un bar para los de su clase. Los penúltimos súper villanos del mundillo.

-Buenas noches, Fausto.-Saludó al camarero y dueño de aquel local.
-¿Qué hay, Idel? Eres el primero en llegar. ¿Qué te pongo?
-Una Coca-Cola. No le pongas mucho hielo.
-Como quieras.

Fausto, en los ochenta, fue un villano y no era de los mejores, pero tampoco se le dio tan mal. El Renegado. Solo estuvo en activo cuatro años. Pasó un tiempito entre rejas al ser derrotado por hombre galopante. Eran los ochenta. Los héroes y villanos buscaban nombres cuanto más chocantes y bizarros mejor.

-¡Lo que te dije, tío! ¡Un mega casco por 6,95 en el catálogo del coleccionista Villano!-Clamó un hombre menudo, algo fondón, de cabello oscuro corto a otro tipo, este desgarbado, de barba frondosa y cabello castaño claro y largo.
-No sé, Alex. Por ese precio, no creo yo que sea muy bueno.
-¡Bobadas! ¡Un mega casco se amortiza! ¡Tiene visión nocturna, luz auxiliar y GPS!
-Eh, Alex, Manu.
-Ildefonso, ¿Cómo te va?
-Tirando.

Alex era ni más ni menos que El hombre antiaéreo… o lo fue hasta que su armadura le dio problemas y… estuvo dos meses en la UCI de un hospital tras su fallido intento de derrotar al Héroe Melodramático. El cañón que llevaba cerca de su hombro derecho se atascó.

Manu, por su parte, era Mr. Oblicuo. Tenía un curioso aparato que disparaba gases de todo tipo. Unos para crear vértigo y otros para crear sensaciones diversas. Hizo dúo con Capitán Corrompedor, pero la cosa no cuajó y ahora ni se hablan. Ildefonso oyó que el tal Capitán Corrompedor se casó y es vendedor de coches de ocasión en otra ciudad.

-¿Qué os pongo?
-A mí una cervecita de barril.
-Yo un whisky con cola. ¿Os habéis enterado de lo de ese tal Maestro Reductor?
-No, ¿Qué?
-Pues el tío es un sonado. Era biólogo o algo así.
-¿Y?
-Creó una rayo o algo por el estilo que reduce la materia.
-Sí, por eso se llama Maestro Reductor.-Intervino Alex.
-Pues bien, el tío iba con una mujercita diminuta en uno de los bolsillos de su cinturón multiusos ¿sabes cómo te digo?
 -Sí, creo que sé lo que dices.
-Pues la tía… ¡Era su esposa! ¡El muy @&$%ta probó su rayo o lo que sea con su esposa!
-¡Venga ya!
-¡Te lo juro!
-Pues sí que hay que ser un sonado.

Una mujer cabello castaño rojizo, de cara alargada y sonrisa tímida llegó.

-Hola, chicos.
-Hola, Raquel.-Respondió Ildefonso.
-¿De qué hablabais?
-Del Maestro Reductor.
-¡Ostras, ese tipo es un sonado!
-Justo eso decíamos.
-Fausto, ponme un vino blanco, por favor. ¿Y Tony?
-No creo que tarde en venir.

Raquel era conocida como la mujer pájaro. Tenía unas curiosas alas mecánicas que le hizo un novio que tuvo, Bala rápida. Él sí tuvo éxito. Llegó a enfrentarse más de una treintena de veces con la línea de defensa, Míster perfecto o el Héroe Melodramático, ya fuera solo o formando parte de La alianza mortífera.
Raquel no tuvo tanta suerte.

-¡Hay que j%&$#se!-Exclamó Alex.-De un tiempo a esta parte, no paran de aparecer tipos con ganas de hacer justicia y la vida imposible a nosotros…
-Cierto.

Por fin llegó Tony. Era esbelto, de ojos oscuros, cabeza rapada, gesto de tipo duro… Él era el Pringador. Tenía una mochila con un cañón que disparaba una especie de mezcla de cola plástica y silicona caliente. Estaba bien pensado.

-Siento el retraso. Tenía que acostar a mis hijos.
-Al menos has venido.-Indicó Alex.
-¿Qué te pongo, Tony?
-Una cerveza bien tirada.
-Pues aquí estamos…- Señaló lo obvio Manu tras un largo silencio.
-¿De verdad pensabais que esta sería nuestra vida cuando nos hicimos súper villanos?-Preguntó Ildefonso.
-No, pero no todos podemos ser Amenaza.
Amenaza! ¡Ese ca#$&% logró matar a nuestro peor enemigo!
-No, Alex, luego se descubrió que era un error…[1]
-¿Y cómo sabes que el de ahora es no es un impostor, Raquel?
-Porque creo que sabemos bien como se mueve el de verdad.
-Es igual.
-Deberíamos unirnos los cuatro y darle su merecido.-Propuso Tony.-Un grupo de rivales que juntos le den la paliza de su vida.
-¡Sí! He visto en el catálogo del coleccionista Villano una armadura potenciadora que se puede pagar en 20 meses y unas botas del calibre.50 por 20,95. Podría ser el  hombre antiaéreo 2.0.
-Deberíamos llamar a más gente…-Opinó Ildefonso.- ¿Alguien tiene el número de teléfono o el correo electrónico de Deshielo? Tú tal vez tengas el de  Bala rápida, Raquel.
-Paso de llamarle. Es un cretino.
-Pero, chicos, pensad un momento: ¿Uniros? ¿Para darle una paliza a un héroe? ¿Y luego qué? ¿Robar bancos? ¿Raptar a una famosa para que os den una recompensa?
-¡Es que tienes razón, Fausto!- Gruñó Manu.-Esta época es el ocaso de los penúltimos villanos. Ahora los verdaderos criminales van con corbata y maletín.
-¡Qué redicho te vuelves cuando quieres, Manu!
-¿Os acodáis del tipo que se dedicó a copiar nuestros equipos?
 -¡Sí, Copiador!-Recordó Tony.- ¡Menudo @&$%ta!
-Pues luego hablas con él y es un tipo muy majo.-Indicó Manu.-Coincidimos una temporada en prisión y la verdad es que tiene un sentido del humor tremendo.
-Pero no siguió un código que es que no se roba a los compañeros.
-¿Qué código es ese?
-El código no escrito de educación cívica entre súper Villanos.
-¡Qué absurdo!
-Ildefonso, tío, que tú has arreglado el equipo de muchos súper villanos, incluido el de algunos de nosotros, y sabes que entre bomberos no nos pisamos la manguera.
-¿Cuál es para vosotros la mejor lucha que habéis tenido?- Se interesó en saber Raquel.
-¡Buf, hace un montón!-Sonrió Ildefonso. 

Fue hace más o menos ocho años. Yo había intentado robar un diamante que exponían en una galería de joyas… ya me vais entendiendo. Logré burlar las alarmas y los guardias y cuando estaba a punto de robar esa joya cuando… ¡Él apareció! ¡El Héroe Melodramático de las narices estaba allí!

-¿Sabes, Desco? Deberías llevarme a sitios más bonitos. Ya apenas vamos a cenar y tampoco me llevas a bailar.

Se reía de mí, como siempre lo hacía.

 Le disparé con un arma de vibraciones que me cree… ya sabéis que siempre se me dio bien la mecánica. Él esquivó cada disparo hasta que uno le alcanzó. De lleno. Ahí estaba, en el suelo, a mis pies. Solo era alargar mi brazo y desenmascarar a ese grano en el culo, pero preferí llevarme el diamante e irme. Llamadme cobarde, pero era a lo que iba.

Dos días después, cuando casi tenía un comprador para ese diamante, él apareció en mi guarida. Esta vez se le veía muy furioso. Tal vez no esperaba que le venciera de esa manera tan tosca.

Usé esa vez mi arma de vibraciones, unos discos voladores con cuchillas de titanio y bombas de luz blanca…. Pero guardaba mi mejor recurso aun.

-Eres muy hábil, Héroe, pero no sabes que aún tengo una sorpresa. ¿Ves estos guanteletes enormes? Yo los llamo puños demoledores. Un solo puñetazo con esto y serás historia.
-Para eso debes alcanzarme, amigo.

Nos batimos como un par de titanes, lo juro. Hasta que usó una de mis propios discos voladores contra mí y estropeó mis guanteletes. Luego recuerdo un puñetazo en la cara y todo en negro. Cuando desperté estaba en un furgón de la policía.

-Luego mejoré mi equipo, pero nunca tuve una pelea tan intensa como aquella.

-La mía no fue mucho mejor…-Recordó Manu.

Creo que fue hace seis años. Ya trabajaba solo y eran pocas las veces que me ponía mi traje de Mr. Oblicuo. Cuando lo diseñé pensé que las capas y los guantes de metal dorado eran los más… El caso es que aun sentía mucho rencor contra mi antigua jefa. Me despidió de mi trabajo como Químico de malas mareras, humillándome incluso. Ya había pospuesto mucho mi venganza contra ella. Así que asalté el lugar donde trabajaba y usé mi gas del odio contra mis antiguos compañeros para que ellos fueran quienes dieran su merecido a mi ex jefa.   

-Espero que cuando esto acabe seas el primero en animarte a recoger todo, humitos.
-Ah, Héroe Melodramático, no te esperaba tan pronto.
-No quería que te quejases de mí y me llamases tardón. Ahora es cuando te rindes y detienes todo esto.
-¡Cuan equivocado estás, ídolo de masas! ¡Este será mi gran triunfo!

Ordené a la horda de gente que atacasen al héroe. Subestimé a mi rival que logró deshacerse de la multitud… bueno, multitud no… serían como unas nueve personas y se libró de ellas. Yo no fui testigo de eso pues me dediqué a perseguir a mi antigua jefa que huía como un conejo asustado, y eso sin usar mi gas del pánico.

La tenía acorralada, pero él apareció otra vez. ¡Siempre lo hace!


Usé mi gas alucinógeno contra él. No sé qué vio o a qué demonios se enfrentó, pero le dejé tocado. La @&$%ta de mi jefa, para huir de mí, se lanzó desde el segundo piso donde estábamos al vacío. Lástima que la policía apareciera entonces y tuviera que marcharme. No me pudo atrapar entonces y luego supe que mi jefa solo se rompió la cadera.


-Bien está lo que bien acaba. Meses después me atrapó, pero eso es otra historia y prefiero ni recordarla.
-¿Y a eso lo llamas tú una buena pelea?-Se indignó Alex.- ¡Sí no os disteis ni un mal puñetazo!
-Hay peleas más intelectuales que físicas.
-Bobadas.

-¿Sabéis que yo sí estuve a punto de matar al Héroe Melodramático?
-¡Cuenta eso, Tony!-Animó Ildefonso.

Era el otoño de hace cuatro años. Estaba más que harto  con que mi mujer me dijera que  debía dar un último golpe de efecto contra mi némesis, que es el vuestro también. Planeé como tenderle una trampa y cayó de lleno. Le envolví en mi mezcla especial y le dejé sin sentido.
Luego me lo llevé al crematorio de un amigo mío y lo dejé inmóvil dentro de un ataúd mientras accionaba la máquina que le iba a convertir en un montón de cenizas. Hasta que… ella apareció. La chica enciclopedia, la tía esa que forma parte de la Línea de Defensa. Me dio tal somanta de golpes y patadas que no me di cuenta que torció el cañón de mi mochila de mezcla y… ¡Zas! Quedé atrapado por mi propio pringue. Ella rescató al héroe y yo pasé un par de años en prisión. ¡Malditos sean ambos dos! ¡Como odio a ese héroe y a la maldita chica enciclopedia! ¡Si no hubiera sido por ella…!

-¡Ostras, estuviste cerca de verdad!-Exclamó Raquel.-Mi historia puede que no sea como las vuestras, pero…

Era verano de hace dos años. ¿Quién iba a defender en verano la ciudad? Hasta los héroes se toman vacaciones. Era un momento perfecto para robar el furgón blindado de un banco y luego tomarme un heladito.

No fue muy difícil asaltar y abrir el furgón si tienes garras de diamante en tu traje, pero… hubo un error de cálculos. No todos los héroes se van de vacaciones. El Héroe Melodramático no tomó vacaciones.

-Me parece haber visto a una linda ladrona. Ah, no, espera. Es el pajarito quien decía eso. Va, repitamos todo desde el principio.

Volé con el botín, pero él se agarró a mi tobillo con fuerza. Lo llevé hasta el interior de un restaurante, rompiendo escaparate y haciendo que nuestro enemigo común se golpease duramente, pero no se soltaba.

-¿Te apetece cenar a toda prisa, guapetón? ¡Por mí bien!
-Me… Auch! halagas pero… Uh! Tengo pareja.
-Aun así, podemos bailar. Yo marcaré el ritmo.

Atenta como estaba a él, no me di cuenta que al salir del restaurante, me aproximaba a una enorme valla publicitaria contra la que no tardé en estrellarme. Tras eso, ya podéis imaginar el resto.

-¡Vaya marrón!-Rio Tony.-Pero para marrón el que tuviste tú hace unos meses, ¿No, Alex?
-No quiero hablar de ello.
-Nosotros te hemos contado nuestras historias y queremos oír la tuya.-Atacó Manu.
-¡Pero vosotros sois unos ca@#&&% y os vais a burlar de mí!
-Ninguno se burló de los demás.
-Pues que os cuente Fausto la suya.
-Yo no tengo anécdota interesante. Cuenta lo que queremos oír todos.
-Está bien… 

Me había unido a otros villanos. Junto con Triceratops, Vatio, Bandido y Duplo, formé parte de La alianza mortífera, sustituyendo a tu Ex, Raquel, que al parecer sigue entre rejas.

Nos había contratado el gran jefazo, señor del crimen, con la intención de terminar de una vez con el Héroe Melodramático. Esta vez iba a ser la definitiva, pero la coordinación no debía ser nuestro fuerte y por eso volvimos a perder.

Vatio lanzó una descarga de electricidad al maldito santurrón y fue a dar en mi cañón. Se sobrecalentó y, de un modo muy similar a ti, Tony, al disparar, el único herido fui yo… Bueno, miento, la explosión también afecto a Duplo. Él solo tuvo un par de costillas rotas y diversas quemaduras. Yo tuve que hacer rehabilitación durante cinco semanas y aún estoy con calmantes y antiinflamatorios varios. Y mi armadura quedó inutilizada…

-Por eso creo que voy a comprarme esa armadura potenciadora y…
-No empieces otra vez…
-Algún día dejaremos de estar en el penúltimo lugar entre los villanos.
- Ildefonso, eso siempre lo hemos dicho y aquí estamos.
-Esta vez es distinto, Raquel. Juro que tarde o temprano averiguaré quien es ese metomentodo de Héroe Melodramático y le haré pagar lo que nos ha hecho.
-Pues mientras tanto, disfrutemos de este momento.-Aconsejó Tony.-Al menos estamos vivos, no como Hombre de nieve o el Barón Funesto.
-Brindo por ello.-Alzó Manu su vaso.-Por los Súper villanos de penúltima fila.
-Por los Súper villanos de penúltima fila.-Repitieron todos, incluido Fausto, alzando sus vasos.  

¡Desconectador! ¡El hombre antiaéreo! ¡Mr. Oblicuo! ¡Mujer pájaro! ¡Pringador! Juntos son... los penúltimos Súper Villanos que un Súper Héroe tendría en consideración... ¿O no?
  
        


[1] Esto pasó en El otro traje, publicado en este foro. ¿Por qué no lo lees? Tal vez te guste.( http://milpaginasxescribir.blogspot.com.es/2014/02/el-otro-traje.html )