viernes, 8 de febrero de 2013

Y sin embargo, te quiero



-Bueno, ¿y que celebramos?-Preguntó ella.

Yo no supe que decirle. La llevé a aquel restaurante italiano de Plaza de España porque quería. Porque la quería.

Llevaba con ella solo ocho meses y parecía que fuera a tocarla y se esfumase, como pasó con tantas que se fueron sin decirme ni adiós. Bueno, miento. Una chica que conocí en el final de mi adolescencia me dejó la simpática nota.

Ahí te quedas con tus inseguridades y tu gilipollez. No eres tan especial.  
A

Cada vez que alguna me dejaba, ponía su nombre en  una pizarra de mi cocina. Sé que no es muy sano psicológicamente tener la lista de las mujeres que de un modo u otro habían pisado mi corazón, pero era lo que me salía.

-Celebramos que estamos vivos.-Respondí al final.
-A mí me vale.

¡Qué sonrisa tan bonita! ¿Y por qué me sorprende aun? Es la chica con la que más he durado.  Es inteligente, es bella, es cariñosa… ¿es de verdad? ¿Le interesa un tipo como yo? ¿Por qué no? ¿No soy un buen hombre? Vale, sí, tengo bastante defectos, pero tengo algunas virtudes que pueden atraer a una mujer como ella. No seré especial, pero tampoco soy anodino.

-¿Qué piensas?
-¿Eh? Nada, nada…
-Te decía que si te parece, nos saltamos el postre, pagamos la cuenta y nos vamos a tu casa.
-Sí, me parece bien.
-¡Huy, que soso ha sonado eso Me parece bien!- Me pone morritos.- ¿seguro que estás bien?
-Sí, sí, cariño. Pido la cuenta, pago y nos vamos.

Pagar la cuenta… Así la conocí, más o menos.

Señor, le prometo que le di la vuelta con el ticket.
¡Te digo que no! ¡Solo me has dado el café para llevar! ¿¡Te quieres quedar con mi dinero!? ¿¡Es eso!?
Señor, le estoy diciendo que…
Disculpe, ¿Cuánto le tendría que dar de vuelta la señorita?
Pues si le he dado cinco euros, me tendría que dar un euro con sesenta céntimos.
¿Tiene cambio de dos euros?
Sí, sí, pero…
Pues deme cambio y váyase de aquí.
Oiga, no me puede hablar así.
¿Y usted si puede gritarle a la señorita por un euro con sesenta céntimos?

El tipo me dio el cambio de los dos euros y se fue sin decir nada más. Fue la primera vez que ella me dedicó esa preciosa sonrisa suya.
Luego todo fue poco a poco y aquí estamos, saliendo del restaurante. Se abrocha el abrigo y mira a ambos lados de la calle. Más tarde, se acerca mí y se agarra a mi brazo.

Su contacto me crea sensaciones muy dispares. Por un lado, me hace ponerme nervioso. No sé muy bien el motivo, pero es así. Por otro, me hace sentirme tan afortunado. No, cuidado. Eso de sentirte afortunado te pasa mucho y  te despiertas una mañana sin nada. Así que eso de sentirse afortunado es mentira. Una mera ilusión.

Llegamos a mi piso en cuestión de unos diez minutos. Le ofrezco algo de beber, dice que se sirve ella, que ya sabe dónde está cada cosa, así que aprovecho para cambiarme de ropa.

Cuando regreso con unos vaqueros y mi camiseta de la manzana con carita sonriente, la vi cerca de la pizarra de los nombres. La primera vez que vino a casa le expliqué de lo que iba aquello. Solo se encogió de hombros y soltó un escueto ah. Sin más. No se molestó, ni me dijo nada más.

Vi como escribía con una tiza, bajo los nombres, la palabra idiotas.  Se gira y al verme, se rie.

Pasamos la noche juntos, como muchas veces pasaba. Me quiere, o eso dice. Y yo a ella, no lo dudo.

Me despierto a las nueve y estoy solo en la cama. No está. Anoche estaba ahí y oía como respiraba calmada tras conciliar el sueño, y ahora no está.

Me levanto despacio y me dirijo al salón. Una nota cerca de la bandeja donde dejo las cartas. Una nota que leo con algo de aprensión.

Salí un momento a comprar café, que no te quedaba en la despensa cuando miré esta mañana. Tomé tus llaves para entrar sin despertarte si aún duermes cuando venga.  No tardaré mucho en volver.
Te quiero.

Me sentí tan idiota pensando en lo peor. Me sentía tan mal por esa inseguridad estúpida que lastra muchas veces mi vida. Sí, puede que esta no sea la definitiva, y puede que me deje por cualquier motivo, pero no puedo dejar que eso cargue en mis hombros. Uno se levanta y sigue. O al menos, eso debería hacer.

Me acerco a la cocina, tomo un trapo y borro la pizarra. Yo os libero, idos todas al infierno o a donde os plazca.

No tarda mucho en regresar y me da un beso de buenos días.

-Hago el café si tú haces las tostadas.-Me propone.
-Por mí genial.

Se da cuenta de la pizarra que ahora está vacía.

-¿Y eso?
-Digamos que me di cuenta de lo inseguro y estúpido que me hacía tener ese recordatorio que no me ayudaba para nada.

Asiente con la cabeza.

-Sí, eres inseguro y algo estúpido algunas veces, y sin embargo, te quiero.

Me da otro beso, este más largo y tierno si cabe.


Fotograma de Mia Sarah (2006) de Gustavo Ron



jueves, 24 de enero de 2013

Me gusta...


Me gusta intentar cazar los gorriones de mi infancia que huían y huyen al verme quererlos atrapar.

Me gusta pasarme por el café Princesa, en cuya barra un hombre lamenta que en las necrológicas no aparezca su mujer.

Me gusta cubrirme con las sabanas hasta la cabeza, protegerme del mundo durante unos segundos y seguir después con lo demás.

Me gustan las pequitas de Nuria Gago, la pequeña cicatriz de Michelle Jenner y el lunar de Verónica Sánchez.

Me gusta inventarme varias canciones que luego ni recuerdo y tararear mal las que oí por ahí.

Me gusta la idea de ver sentados a tomar el té a Conan Doyle, Lewis Carroll, Oscar Wilde, Mary Norton, Carmen Martín Gaite y Shakespeare.

Me gusta pensar en el que será, en el que fue y como la vida da su castigo y su recompensa a cada cual.

Me gustan las faltas leves, las luces de candilejas, los primeros génesis, el no tener miedo, los largos domingos de noviazgo y los castillos que deambulan.  

Me gusta pasear y ver las ventanas de las casas encendidas al anochecer, pensando yo que pasará allí y que historia allí sucederá.

Me gusta pensar que cada cual es como esos personajes de la literatura que tienen bien aprendido un papel para interpretar en el escenario de hoy día, aunque resulte que no sea así.

Estas y otras cosas me gustan.

domingo, 13 de enero de 2013

Podría decir...


Podría decir que hoy pienso ponerme melodramático, melancólico o meloso, pero mira, no.

Podría decir que se esfuma mi veintena como el rocío y lo hace sin lucha, sin boato, con la espada en la tierra, pero mira, no.

Podría decir que al oído me susurra un niño que me pregunta que pasó conmigo en esos años que no estuvo, pero mira, no.

Podría decir que me entristece comprobar que ya nadie me espera al bajar de los autobuses, pero mira, no.

Podría decir que me salió caro no hacer lo que debía en mi tiempo y momento, en vez de fuera de plano, pero mira, no.

Podría decir que mis planes y sueños son cuentas pendientes que nadie saldará nunca, pero mira, no.

Podría decir que siempre llego cuando todo está terminándose y solo el eco de mis pasos y pensamientos es mi equipaje, pero mira, no.

Podría decir que estoy cansado de perder, que ninguna de mis armas es efectiva y que nunca fui la persona favorita de nadie, pero mira, no.

Podría decir que necesito un amor que siempre vuela al norte, sur, este y oeste de mi mapa vital, pero mira, no.

Podría decir que me muero de ganas por ver que me depara otro amanecer tras otro, que momentos importantes conoceré, cuantas personas, novelas, cuadros, películas, canciones, sueños veré nacer mientras camino los caminos abiertos, cuanto me espera conocer y a quien me ayudará a explorar, los errores y los aciertos en los que me meteré de lleno, como la vida jugará al despiste, pero mira, prefiero que lo diga el tiempo. 


lunes, 31 de diciembre de 2012

¿Por qué tomar la pluma?


¡Me alegra que me lo preguntes!

Escribo porque el niño que aun habita en mi piel, aunque le duela algunas veces y tiemble ante la idea del adulto que acabó siendo, me lo pide. Ese niño que conoció a los hermanos Grimm, a Andersen, a Perrault, a Anónimo, gracias a esas ediciones adaptadas de su mente y su corazón. Ese monstruito que devoraba y cocinaba imaginación.   

Escribo porque así espanto mis penas, pues es muy perra la realidad que ayer, hoy y, tal vez, mañana me tocó en suerte.  Y no creas tú que no me duele vivir con creces, pero de algún modo debo tirar piedras contra las fronteras de la simpleza desde mi castillo en el cielo ¿No lo crees?

Escribo porque he conocido cosas, pocas o muchas, gente de corazón negro como el vacío que nos muerde, de almas transparentes y limpias, con nombres y apellidos que se graban en mi mente por motivos que desconozco, así como los momentos que me hacen sonreír o enjuagarme la frente en lágrimas.

Así que, sí, escribo por esa chica de cabello rizado que no era tan especial, pero me dejó persiguiendo conejos blancos, por esa muchacha que no sonreía por costumbre, pero que dio a la chaqueta blanca unas connotaciones etéreas en mí, por aquella violinista fotográfica que bebía té de vainilla, que me hizo naufragar en mil mares… Todas ellas me han hecho ver que querer es dolerse algunas veces, haciendo que apriete y evoque las letras

Escribo también por aquella mujer de los ojos grises y el encanto súbito de noches de brisa fresca, por esa muchacha de bucles oscuros que sirve de brújula cuando nadie más puede,  por esa pequeña hada amiga y cotidiana que deja rastros de colores y picapicas de fresa… Todas ellas me hicieron apreciar los instantes de un sincero cariño desde las trincheras de este gris horizonte.

Escribo porque me hace pensar que el aire de mis pulmones merece ser gastados en algo más o menos bien hecho, por algo que me lleva a ser cada día un poco menos necio, más loco, menos cuerdo y más experimentado. Ofrecer más de mí mismo cuando antes no pude.

Escribo porque soy hijo de mis padres, hermano de mis hermanos, tío de mis sobrinos, enemigo de mis miedos, amigo de pocos, derrochador de ilusiones y aprendiz de la genialidad con canas. Soy esto, no aquello. Soy lo que escribo y como yo lo quiero escribir, desmembrando así el anterior mal concepto que de mí tenía.   Así creo que debe ser, pues de lo contrario estaría solo y desnudo frente a los demás en muchos sentidos.  Soy alguien que el mundo necesita, como otros que pueden cambiar su mundo como mejor saben.

Es por ello que tomé, tomo y tomaré la pluma ¿He contestado a tu pregunta?