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miércoles, 21 de junio de 2017

LA MUERTE EN Y PARA EL (SÚPER) HÉROE

A la hora de realizar historias sobre un súper héroe, todo el mundo recurre a esa persona para plantear, de un modo más o menos disimulado, cuál es su teoría filosófica sobre varios temas de distinta índole y uno de los que más se repite es el de si el héroe mata o no. ¿Está justificado? ¿Es lógico?

Si nos remontásemos a los héroes de los cantares de gesta, es posible que veamos factible que mate a sus rivales ya que van a la guerra, luchan contra gente terriblemente cruel y el maniqueísmo es muy difuso aún en según qué cosas y muy claro en otras.

Pero, si nos fijamos en la figura del súper héroe, Habría que plantear muchas cosas y verlas con detalle.

En 1938 empieza lo que muchos podemos llamar “La creación del súper héroe” cuando aparece el Action Comics número 1 con ese hombre levantando un automóvil ante la aterrada mirada de otros individuos. Ha nacido Superman, pero aún está en súper pañales y no se dedica a partirse la cara contra Lex Luthor o cualquier otro de sus villanos (que los tiene y puedo nombraros hasta seis así de pronto, doce si me esfuerzo mucho), este Superman surge para detener maltratadores y criminales de a pie usando los medios que sean necesarios y por esto hablo darles palizas terribles o incluso llegar a soltarles desde varios metros de altura.


Un año después, en 1939, aparecería el que muchos han considerado su héroe favorito. En el Detective comics número 27 aparece un hombre enmascarado que no dudará en (ojo a esto) disparar a los criminales y acribillarlos. Batman viene en busca de venganza. ¡Batman mataba!



Esto va variando al gusto de sus autores. Aparecen las primeras amenazas para ambos héroes, se plantea la idea de que la primera vez que aparece el Joker, Batman lo mate (No bromeo, es así), se nos presenta a un criminal calvo y maquiavélico que toma el nombre de… No, no es Lex Luthor. Hablo de Ultrahumanita… en fin, se suceden los años, los héroes son un hecho en las páginas de los cómics, cada niño tiene su favorito, se sacan todo sobre estos nuevos enmascarados con capa o sin ella, llegan Flash, Wonder Woman, Capitán Ámerica, Namor, la primera Antorcha humana… estalla la segunda guerra mundial… y llega la Seducción del inocente del Doctor Frederic Wertham, donde este psiquiatra expone que tras la guerra, crece la delincuencia juvenil (Cosa que pasa en muchos casos tras un periodo de posguerra) y que estos elementos rebeldes de la sociedad leen cómics, ergo los cómics corrompen a los niños, maten a los cómics ¿¡Es que nadie piensa en los niños!?... cuando a lo mejor era lógico pensar, a mi parecer, que los cómics estaban al alcance de cualquier chico por solo cinco o diez centavos y que algunos se los iban dejando a otros.
El caso es que este ensayo destrozó los cimientos del cómic, pero no el de los súper héroes exactamente, si no las historietas de terror y crímenes más que otra cosa. Si es cierto que se crea un sello de censura que deben pasar todas las publicaciones de cómics (salvo algunos casos que no expondré por no desviarme del tema), y esta censura no permite que los súper héroes maten. Perfecto. Ya está. El héroe no mata por no dar un mal ejemplo a sus lectores. Aquí podría dejar de escribir e irme a hacer otra cosa, pero claro, quien hace la ley, hace la trampa y así, bordeando la línea, en los 70 del siglo XX surge un tipo de héroe que poco o nada tiene que ver con aquel que viste su capa y detiene criminales. Surge lo que algunos llaman el anti héroe, y este es el que llega a gustar más.

Si en los 60, Spiderman, los cuatro fantásticos o Hulk saben adaptarse a su tiempo y mostrar un héroe con ciertas debilidades y taras, que en algunos casos maldicen tener sus poderes y ser lo que son, los años 70, con el Vietnam de fondo y los movimientos sociales, traen un desengaño frente a las autoridades. El presidente Nixon estaba pringado en asuntos muy oscuros y oscuros iban a ser muchos héroes de aquel momento. Así vemos que, off de record (Solo sucedido por una onomatopeya), se intuye que Wolverine mata a un guardia ante el horror de sus compañeros mutantes de equipo, los X-Men, o como un justiciero que mata por igual a un narcotraficante que a un transeúnte que cruza la calle en rojo, acapara las páginas de algunos cómics para castigar a los criminales sin importarle otra cosa que limpiar las calles del crimen. Si eres culpable, estás muerto y eso hace que Punisher (Castigador) tenga un cometido tras el asesinato de su familia… Es decir, Batman podía haber sido Punisher y en los 30 y los 40 lo fue.

¿Acaso el lector necesita que le muestren que el mal se paga con todas las consecuencias? No, no tiene porque. Aún está vigente un Spiderman que ha sufrido pérdidas importantes en su vida y sigue adelante. No olvida a su tío Ben, ni al capitán Stacy, ni a Gwen Stacy… Esta es mi vida, la voy a seguir. Voy a hacer lo que creía mi tío: Un gran poder conlleva una gran responsabilidad.

Responsabilidad. Esa es la clave. Un poder, grande o pequeño, merece una responsabilidad para con el mundo. Spiderman podía haber matado al ladrón que asaltó su casa, al Doctor Octopus, al Duende Verde… y no lo hace porque entonces se convertiría en todos ellos.

Igual pasa con Batman o Superman. Batman podía haber matado a Joker. Se lo merece. ¿Cuánta gente ha muerto por culpa de sus actos? ¿Dos? ¿Seis? ¿Ciento veinticuatro? Pero si le mata, ¿Es mejor que el asesino de sus padres? ¿Y Superman? ¿Es justo matar cuando tus padres adoptivos te han enseñado unos valores que van más allá de si eres capaz de volar o lanzar rayos por los ojos? ¿Matar a Luthor hubiera hecho que Clark Kent fuera mejor hombre que el megalómano calvo que desea vengar que Superboy le hiciera perder su cabellera pelirroja? (No es broma, eso pasó)

Está claro que matar va contra la naturaleza de los actos de ciertos héroes pero… ¡Eh! ¡Oye! ¿Y lo del Batman de Miller en el regreso del caballero oscuro donde deja a Bruce Wayne? Bien, eso es algo a revisar, sin duda.

En esa magistral serie donde Frank Miller crea un increíble ocaso del caballero oscuro de Gotham, Batman acribilla a un adolescente de una banda llamada los mutantes para salvar a una niña. No hablamos de un Batman de veinte o treinta años, hablamos de un Batman que ya roza los sesenta y que está desengañado con el mundo, que sabe que está en el ocaso de su vida, que si desea hacer algo por el mundo que le rodea, por esa ciudad que grita de dolor, debe pasar esa línea aunque eso signifique perder su moral y su ética personal, cosa que el Joker termina arrebatándole del todo con los actos de esa historia. Batman se ha perdido y no le importa. Miró al abismo y se convirtió en parte de él.



Si vemos los sucesos de la película de 1989 de Batman, dirigida por Tim Burton, vemos algo que ya se hará vigente en casi todas las cintas de Súper héroes: Matar está permitido. Sí, venimos de Bruce Willis y sus Died Hard (La Jungla de cristal en España), donde matar a los enemigos es algo cotidiano y vigente. Por eso Batman no se detiene ni le importa si mueren criminales de todo tipo por su mano, ya sea en esta cinta o en la de Batman Vuelve. Así pues, Batman mata, Tormenta en X-Men mata, Lobezno también (por supuesto, si lo hace en el cómic…), pero llegamos a Batman Begins (2005) y vemos algo que cambia y rompe esa tónica de Matar está permitido. Duncan (Ras Al Ghul) va en un tren que va a explotar. Batman ha salvado la ciudad y detenido el plan del hombre que ha quemado su casa e iba a destruir Gotham y crear el caos. La lucha idealogica está en que, aunque ambos creen en que pueden salvar el mundo, Ras piensa claramente que se debe matar para preservar el orden, Bruce Wayne no… y eso no impide que Batman a la hora de la verdad no mate a su rival, si no que no le salve de su propia muerte. Ahí está la clave. No voy a matar pero nada ni nadie me obliga a salvarte cuando tú no lo hubieras hecho. La línea es difusa pero no se ha pasado, a mi parecer. Ras parece aceptar su destino. Morirá pero sabe que no ha arrastrado a su rival a ser un asesino. 

Por lo tanto, ¿Es posible decir sin error alguno que un súper héroe se define en verdad por sus principios y su responsabilidad para con los demás? No siempre. Si nos situamos a principios de los años 2000, surge una nueva corriente que nada tiene que ver con el héroe de antes y que viene de la mano de autores como Grant Morrison y Mark Millar: The Authority y The Ultimates.

El primer grupo de héroes mencionado, es capaz de ver la línea que antes decíamos y mearse en ella. Matar es algo que viene con el traje y si además podemos torturar a nuestros enemigos de alguna manera, mejor. Llega el momento en que el Súper héroe se convierte en un soldado que mata para preservar el orden, en un modelo de autoridad (de ahí el nombre del grupo) que se emborracha de su poder. Ya entonces el sello de censura que trajo Frederic Wertham ha sido aniquilado también. Ahora está permitido todo. Authority se burla de alguna manera del héroe clásico y se proclama defensor de la figura del nuevo súper hombre. Joe Kelly, guionista de Superman, haría una saga en el hombre de la enorme S en el pecho donde mostraría que pasaría si se cruzase con un grupo (llamado esta vez la Elite) que hace y deshace a su antojo y se ocupa de proteger el mundo con las mismas armas que los criminales. El problema no es si pasar la línea es lo que hace más real al héroe, es si puede ser capaz de mantenerse firme y adaptarse a que lucha por un cometido mayor que el del ojo por ojo. Es seguir firme a unos valores pese a que eso no le haga tan popular como quisiéramos. Me gustaría decir que los que leyeron y fliparon con The Authority son aquellos que no tienen idea de lo que es un súper héroe, pero eso no es cierto pues era (y uso el pasado porque me da que esta época del héroe que traspasa esa línea moral ya llegó a su fin) un producto nuevo y atrevido hecho por gente que sabe de lo que escribe. Grant Morrison supo calar bien a Superman en su All-Star Superman (a mi juicio, uno de los mejores cómics del primer súper héroe) y Mark Millar ha logrado un gran número de cómics memorables donde no hay ni una muerte por parte de los héroes y que han hecho que pase un rato muy grato (Sus números en Cuatro fantásticos son sensacionales), no obstante, este autor, Mark Millar, es el encargado de dar forma al que muchos han denominado los Vengadores del siglo XXI: The Ultimates.

Estos Vengadores no dudan en hacer lo que sea necesario por el bien común de EEUU y eso mismo, les explota en la cara en forma de un complot que les causa una profunda crisis y les hace replantearse su papel en el mundo. Vale, sí, matan y mucho, pero también debemos admitir que Millar (Autor escoces como también lo es Grant Morrison), da una visión filosófica sobre si un héroe que escoge el camino de matar puede redimirse de sus actos o no.



Ahora bien, alguien tras leer hasta aquí, se puede señalar que pese a todo hoy día tenemos que en la pantalla de cine un héroe como Superman ha matado en películas como El hombre de acero. Bien, cierto, y aquí llega algo que he llegado a discutir con gente que parecía desencantada con el modelo clásico del súper héroe (por llamarlo de alguna manera), y es el hecho de que en esa película no existe Clark Kent como tal. Clark Kent es la parte humana de Superman y sin esa parte y esos valores que debe aplicar a su día a día, solo es Kal El, hijo de Jor El y Lara. Un exiliado, un hombre que está por encima del bien y el mal y que no se va a someter a los principios morales de los demás. Que sí, que Clark Kent es un disfraz para ocultar sus poderes, pero Superman no es el que importa en esa duplicidad (No así pasa con Batman donde Bruce Wayne es sólo el cascarón vacío de alguien que desea que nadie sufra), es Clark, el hombre que desea ser aceptado, pasar desapercibido, tener una vida tranquila y normal pero que cree que debe ayudar a los demás a que todo esté en un cierto orden. Matar no es algo natural en alguien que desea ser uno más pese a no serlo. No es normal. Nadie en verdad lo es y cuando Zod le “obliga” a matar, escoge la opción fácil (Aunque claro, estos hechos suceden porque tenemos a un Superman que no es humano o no tan humano como debiera ser).

Entonces, ¿Un súper héroe debe matar o no? A mi juicio, no y explicaré mi postura: Un súper héroe ya por si surge y hace la justicia que él cree conveniente. No es un policía, no ha hecho el juramento de proteger y servir, simplemente se ha puesto un disfraz y ha decidido hacer lo que cree correcto. Veamos el caso de Rorschach en Watchmen (ya sea el cómic o la película). Rorschach es totalmente el modelo de lo que yo llamaría anti héroe. Viene de una infancia dura, es un hombre desequilibrado pero hasta que no es testigo de un hecho cruel y desalmado como es el que se da con el secuestro de una pobre niña, no opta por perderse y convertirse en un asesino, en un criminal a ojos de muchos. Hizo su justicia y al final perdió el norte, por decirlo de algún modo. Luego es un criminal. Pero es un criminal desde el principio. Obstruye la labor de la justicia, de la policía, de los jueces, de todos… y cuando mata ya se ve que es un verdadero criminal.

Si pensamos que un enmascarado es ya per se un criminal, lo único coherente que le queda a este héroe es no pasar ciertas líneas. No matar es una. Si mata una sola vez ya no es distinto a los criminales que desea detener. No es mejor que el ladrón, el violador o el criminal con máscara verde y planeador que desea hacerse con el control de los bajos fondos o el terrible payaso que da algodón de azúcar envenenado a unos niños para que todos sean testigos de una broma mortal y perversa. Lo único que separa al héroe de sus enemigos es su ética y sus principios. Cuando J.J. Jameson dice que Spiderman es una amenaza, puede que no esté desencaminado, ya que es un hombre disfrazado que decide atrapar maleantes y se las ve con villanos tan extraños como peligrosos, pero que si un día decide robar un banco porque está harto de tener problemas con el alquiler, se convertirá en lo que siempre combatió. De ahí que su poder tenga una responsabilidad, como el poder de muchos otros héroes. Por tanto, el héroe, sin él quererlo, es un modelo de conducta para otros. Si un día alguien descubre que, por ejemplo, Barry Allen es Flash, seguramente alguien dirá que debe ser detenido por los daños que ha causado a la propiedad o por que ha obstruido el trabajo de la policía. Por mucho que James Gordon se resista, Batman será alguna vez perseguido y detenido si se llega a tener la certeza de que es Bruce Wayne.



Por lo tanto, si el héroe mata ya no es en sí un héroe. Una cosa es que no quiera salvar a alguien o no pueda. Spiderman no pudo salvar a Gwen Stacy y lo intentó. Daredevil no pudo salvar a Karen Paige y lo intentó. Batman no quiso salvar a Ras Al Ghul en Batman Begins y ahí se nos mostró una faceta que se puede juzgar y analizar con detalle, pero que hace humano al héroe. “No tengo porque salvar a un criminal”. Lo mismo puede pasarle con Joker. “No voy a salvar a la persona que mató a palazos a mi compañero, dejó paralitica a una amiga y asesinó a cientos de inocentes… pero no va a morir por mi mano”


Tal vez llegue el momento en que alguien vea coherente y necesario que un héroe mate, pero yo a mi juicio el que llegue a asesinar no le convierte en absoluto en un héroe, porque la fuerza está en mirar a ese abismo y devolverle nosotros la mirada y estar firmes ante un hecho: No hay héroe que tome una vida para hacer justicia, pues entonces la justicia habrá abandonado la sala por la ventana.    

domingo, 29 de junio de 2014

Spiderman y yo


Un héroe es todo aquel que hace lo que puede.
Romain Rolland, Escritor francés.

Muchas veces no importa como se ve a un héroe, si no como el resto, los demás, lo ven.

Yo podría ser un tipo muy manido y decir que los grandes héroes son los policías, los bomberos o los médicos, pero a un niño lo que le maravilla no es eso. Le maravilla aquel ser que puede volar, que tiene súper fuerza o velocidad increíble, aquel que debe esconder su identidad para que los que le importan no sufran. Un ejemplo de ello es Spiderman.

Desde muy niño, tal vez con cinco años, me encantaba aquel héroe disfrazado de azul y rojo que lanzaba telarañas por las manos, trepaba edificios y se las tenía que ver con diversos criminales, ya sean con tentáculos metálicos o con capacidad de lanzar rayos eléctricos.

Recuerdo vivamente la primera vez que vi un comic de Spiderman. Era increíble verle pegado al techo de un metro y las personas que esperaban en la parada se asombraban al verle. Más adelante, con ayuda de una tal Kitty[1], se las veía con un montón de gente rara que, no entendía yo bien el motivo exacto, deseaba hacerles daño.


¡Spiderman era lo más!

Me gustaba tanto el trepamuros, pues tenía yo ese comic y contemplaba como un bobo cómo se las veía contra diversos y extraños villanos con ayuda del Hombre de hielo y Estrella de fuego que yo deseaba un disfraz de Spiderman. Sí, yo quería ser uno de esos niños con disfraz de Spiderman que tanto se estilarían en los noventa (no en balde, yo en el 88 fue cuando le pedí) Y mi madre, que negarme me negó pocas cosas, salió a la compra con la idea de regresar con ese disfraz ¡Jo, iba a vestirme con un disfraz de Spiderman! Pero, no fue así. Mi madre regresó y me dijo: No había disfraz de Spiderman, así que fui al quiosco y te traje esto.

Era otro comic, este distinto al anterior. Aquí, Spiderman estaba dentro del recuadro que formaban los diversos héroes de la compañía Marvel (que no conocía yo mucho, tal vez sí al Capitán América, al Hombre de Hielo y Hulk, y eso posiblemente porque aparecían en la serie de TV), pero estaba bocabajo, saludando, y… ¡¿Vestido con un traje negro?! ¡Jo, eso no sale en los dibus de la televisión! No recuerdo de que iba ese cómic, posiblemente Spiderman se las viera contra traficantes de armas o contra Kingpin, no lo sé con exactitud.[2]  ¡Era Spiderman y vestía un traje muy chulo y que yo podía dibujar fácilmente! 




Años después acompañando a mi madre en un viaje a Madrid, pues nos habíamos mudado ya a las Matas, me compró un tomo de varios comics de Spiderman (retapados los llaman) y en él, ya habían varios villanos. El primero, el Duende. ¡Montaba un patinete volador y resultaba ser un tal Flash Thompson![3] Luego el temible Sindicato Siniestro, Kingpin, La Rosa, ese tal Jack O’Lantern…

En mi cole, en el recreo, le contaba a mis amigos las peripecias de Spidey, pero claro, lo que les gustaba a ellos no era el hecho de que Spiderman saliera herido o tuviera problemas con su relación con Mary Jane o con las fotos que le llevaba a Jameson o a Robbie Robertson, les molaba otra cosa: Que parecía un ninja, como esos cuatro quelonios que tanto gancho tuvieron en los 90.

  
Paso un poco más de tiempo, mi hermano mayor, que sabía que me gustaban Spiderman, me dijo que mis padres le habían dado dinero para que me comprasen algo y me distrajera. Y allí, en un quiosco, siempre al rescate con sus redes, estaba un comic de Spiderman. Una portada extraña.  Spiderman saltaba ante el ataque del Conmocionador, al que creo que ya vi en algún momento, tal vez en su debut por los lápices de Romita padre,  un viejo tebeo de Vértice que tenía Santiago, el hermano de mi amigo Diego. Detrás de ellos, estaban Misterio, Electro, el Doctor Octopus, el hombre de arena y el Duende. Era la segunda parte del regreso de los Seis siniestros ¿Quién demonios eran los seis siniestros? ¿Importaba mucho? ¡Estaban los villanos de gama mayor de Spiderman en esa portada! Yo ya los conocía pues en los noventa, un tipo que no sabíamos su nombre hasta años después, dibujaba unos posters increíbles donde aparecían diversos rivales de Spiderman.

  
Devoré ese comic y me fascinaba lo perverso que parecía en plan del Doctor Octopus para acabar con Spiderman. ¡Qué amenazador parecía el Duende! Yo ya sabía que no era el Duende de ese retapado que me compraron, pero, ¿Lanzaba bombas calabaza? ¿Volaba en un patinete raro? ¿Vestía igual? ¡Pues era el Duende! Cuando salió la continuación, me la compraron y  ¡Oh, Spiderman iba a morir! ¿Y el Buitre? ¿Quién demonios era el Buitre?  Daba lo mismo… ¡Spiderman les daría una soberana paliza a todos, Peter vendería las fotos, se iría a cenar con su esposa y en próximos números se las vería con otros villanos! ¡Sí! Pero… ¿Le han envenenado? ¡No!

No supe como acabó esa saga hasta pasados unos cinco años o tal vez más…

En 1995 viajé con mi familia a Miami y por fin le puse mis garras a un comic de Todd McFarlane, el tipo ese que dibujaba los posters. ¡Y era el debut de Veneno! ¡Veneno! Ya había salido esa serie tan terriblemente fea de Spiderman y yo tenía algún muñeco. Sabía ya entonces casi quien era cada villano pues en un quiosco cercano a mi casa en las Rozas tenían un ejemplar de la segunda edición del número 1 de Spiderman de Forum. Y me lo leí bien. Que si Octopus, que si el Duende Verde, que si los Forzadores, el gran hombre, Que si el Camaleón cabeza de Martillo, Kraven, Morbius… Pero… ¿Y esa Gwen Stacy? ¿Betty Brant no era la mujer de Ned Leed, el Duende?  La única novia que yo conocía a Spiderman era Mary Jane Watson, esas solo eran novias de tres al cuarto para mí. Sin tan importantes eran, ¿Por qué no se casó ninguna de ambas con Spiderman? ¡Ay, Cuanto me quedaba por saber sobre la pobre Gwen y lo que marcó la vida de Peter Parker!

Volví a España con ese comic en inglés sobre el mayor enemigo moderno del cabeza de Red. No entendía ni papa pues mi inglés era del tipo “i’m boy, i’m live in Madrid…

  
-¡Buah, esto sí es un comic bueno de Spiderman! Porque, ahora…
-¿Qué pasa ahora?
-¡Venga ya! ¿No te enteraste?
-Pues no…

Ahí empezó el declive de Spidey para mí. Que si hay otro Spiderman llamado Ben Reilly, que tenía un traje chulísimo, que sí clones y más clones, que si Octopus había sido asesinado, que si ahora el Chacal era el gran némesis de Spiderman, que si…

-¿Cómo va a ser ese Chacal el némesis de Spiderman si no le hemos conocido hasta ahora?
-Ni idea, pero esto promete…

Yo, que era un lector ocasional de Spiderman, clamaba por volver a una época más sencilla, con mi Doctor Octopus maldiciendo a Spiderman y este bromeando, con un Duende que hacía tratos con Kingpin o con la Rosa y al que Spiderman no podía vencer, con un Peter que volvía a casa y le decía a su bella mujer que solo deseaba regresar y abrazarla…

Entonces, apareció Kurt Busiek. Bueno, aparecer no, él ya estaba ahí, y pareció oírme. Me regaló el Spiderman que yo quería y no ese impostor de Ben Reilly que nunca sería Peter Parker, mi Peter Parker.

Las historias jamás contadas de Spiderman volvían a una época sencilla y con esencia, donde lo bueno de Peter era ser Spiderman pero, además, verse las caras con esa fantástica galería de villanos. Las claves de Spiderman estaban en esas dos cosas: Peter Parker y los villanos.

Al contrario que Batman, Superman o los X-men, lo que importaba en Spiderman era que hiciera lo que hiciera, era un buen muchacho llamado Peter Parker. Sí, tenía poderes, y sí, parecía un ninja, pero él no quería eso. Lo hacía por los demás y por hacer mejor su mundo. Le daban cada paliza que flipabas. ¡Qué te está pegando un tipo con alas verdes, Peter! ¡Levanta y dale a ese viejo calvo lo que se merece! Pero cuando vencía o el villano huía, Spiderman daba paso a Peter y este se preguntaba si Tía May estaría bien o si habría logrado Mary Jane que la escogieran para ese trabajo como modelo.

Bruce Wayne, Clark Kent o incluso Logan o Scott Summers no tenían ese factor humano, o no tan acuciado, Bruce Wayne era el disfraz, al igual que Clark Kent, que pocas veces recuerdo yo que pensase si Lois le extrañaría o si sus padres tendrían problemas con las cosechas en Kansas… y los X-men… Bueno, es mundo aparte.

Y en cuanto los villanos, Batman tiene una gran galería pero, los de Spiderman eran tan bizarros y divertidos como él. El Doctor Octopus llevaba brazos mecánicos adosados al torso, ¡Por Dios! Soy un genio y un hombre terrible pero eso no hizo que pudiera evitar quedarme con estos tentáculos de metal pegados a mí. O el Duende Verde original. Soy una gran amenaza a temer pero de vez en cuando, olvido que soy el único criminal que conoce la identidad de Spiderman y vuelvo a ser Norman Osborn, un hombre de negocios y un nefasto padre.

Pero, justamente, los Villanos funcionan bien cuanto más se acercan al héroe. El Buitre no busca joyas exclusivamente, si no que desea que no se le menosprecie por ser ya un anciano, al igual que Peter no lo quiere por ser un tipo estudioso. Octopus era un gran científico pero eso, como a Peter, no le ayuda a ser un hombre de éxito. El Duende Verde, como Norman Osborn, quiere control, poder, ser superior a los demás, y Spiderman es el modo que Peter Parker tenía de  sentir ese poder, pero él lo usa para ayudar a otros, Norman para ayudarse él. Si nos fijamos, el patrón es claro. Un héroe como Spidey piensa antes de los demás que en él tras morir alguien que le importa, mientras que los villanos como Escorpión, Rino, Lápida o Misterio han pensado antes en su provecho propio y en pasar por encima de otros. Uno se puede identificar con Spiderman, pero también puede hacerlo con Kraven en su última cacería, con la tragedia de tener un padre tan duro como tuvo Harry Osborn y que hizo que se convirtiera en el sucesor  al tomar el planeador del Duende Verde o con otros tantos villanos que en algún momento intentaron que en sus vidas se hiciera justicia, como alguna vez, cuando se pierde el rumbo, pasa.

Spiderman es un personaje que estuvo allí en muchos momentos de mi vida y al cual siempre guardo un cariño, pues no en vano fue el héroe que me inspiró a creer que uno en este mundo puede hacer que tengamos siempre la esperanza de poder salvar el día de alguien con un nimio gesto aunque la vida sea injusta. 




[1] Kitty Pryde, miembro de los X-men con el nombre en clave de Espíritu en esa época.  
[2] En realidad, según apunta Francesc Martínez en su primer tomo de Diario de Peter Parker, Mary Jane visitaba a Peter Parker tras haber luchado este contra el sindicato Siniestro (Rino, Hydroman, Boomerang, Escarabajo y Demonio veloz)  
[3] Mentira, pues era un plan del verdadero Duende para engañar a Spiderman, pero claro, hazle entender tú a un niño de 7-8 años esas tramas…